Federico se desveló por la noche a una hora inhabitual en él, generalmente dormía a pierna suelta, de un tirón, vamos..
- ¡¡¡Hummmmm!!!, no me parece que sea hora de levantarse ya, ¿qué hora es?????, (cogió su iPhone 5 que tenía encima de la noche) ¡las 5 de la mañana!!!!, ¿cómo es posible que me haya despertado tan pronto cuando ayer quedamos agotados????, bueno, me levanto, un pis y a la cama de nuevo.
Mientras se levantaba Federico recordaba la tarde de ayer con Ángela, todavía no podía creerse la suerte que había tenido con esta mujer, no entraba ni tan siquiera en sus mejores proyectos o sueños, y fue de la manera más tonta.
Federico era una persona metódica, los viernes les tenía reservado para sí mismo (su lema era: ¡cuídate a tí mismo al menos un día a la semana!, así que después de las 6 de la tarde, hora de salida del trabajo, iba tranquilamente a casa imaginando el fin de semana que justo empezaba en ese momento: revisaba mentalmente la agenda, generalmente vacía, y trataba de recordar la oferta de espectáculos, posibles compromisos con amistades (pocas) y otras actividades diversas.
Habitualmente encontraba un determinado placer llegar relajadamente a casa, vestirse con calma su ropa deportiva y salir a disfrutar de una carrera intensa, de más a menos, pero tranquila, a lo largo de las dos orillas del Pisuerga.
Fué así como conoció a Ángela. Al principio, y cuando se la encontraba de frente, la saludaba como lo hacen todos los corredores que llevan un tiempo viéndose con un gesto amistoso o un grito de guerra: ¡vamos!, ¡venga!, o similares.
Otra cosa es cuando se la encontraba corriendo en el mismo sentido, automáticamente ajustaba su velocidad a la de ella y, durante el mayor tiempo posible, disfrutaba de su figura moverse al ritmo de la carrera. Aunque trataba de hacer el menor ruido posible y estar suficientemente a distancia para que no se percatara de que la seguía, ella parecía intuirlo y al poco giraba la cabeza con una sonrisa, descubriéndole, y a partir de ese momento no le quedaba otra opción que aumentar velocidad sin ganas y pasarla, siempre lanzando la consabida consigna de ánimo: ¡venga compañera!, o similar.
Todo cambió una tarde en donde ya sea por las endorfinas, por las feromonas, el tiempo primaveral, confluencia de Júpiter con Saturno o todas ellas a la vez, cualquiera sabe, y sin haberlo premeditado, cuando estaba a su altura, sin sobrepasarla, sonriendo y mirándola a los ojos le soltó de sopetón:
- ¿Preparándote para alguna carrera????. A lo que contestó, mirando igualmente a los ojos con una sonrisa abierta
- Por supuesto, a los Diez Kilómetros de Palencia, ya estoy apuntada, ¿vas a hacerla tú también?.
- Pues curiosamente este año fallo porque ninguno de mis compañeros habituales la quiere hacer, pero si me haces un hueco entre tu gente puedo apuntarme.
- Voy sola, y si no te parece mal podemos hacerla y compartir gastos.
Federico no pudo contestar, inmediatamente sintió que volaba, su pie derecho tropezó con una piedra levantada más de lo habitual (¿o fue el pie el que no se levantó lo suficiente?), aterrizando forzosamente diez metros más adelante, quedando conmocionado no del golpe, sino por los cuidados que estaba recibiendo de Ángela.
Desde entonces habían pasado más de dos años compartiendo carreras, entrenamientos los viernes, cena y cama.
Ángela tenía para todo alguna explicación o respuesta, era una fuente inagotable de conversación sobre cualquier tema, hasta el más abrupto, asombroso o insospechado, como insospechado era el tema que salió esta noche: “el encuentro consigo mismo”.
Fede no recordaba cómo llegaron a esa frase, ya se habían duchado y estaban preparando la cena, una ensalada ilustrada especial para compensar las sales perdidas durante la carrera; y de segundo un solomillo a la naranja para celebrar un viernes más, y para el que había sacado un tinto Ribera “Arroyo”, reserva del 2009, y que había comprado por correo a una empresa de esas que te lo envían por portes pagados en un pis pas.
Ella afirmaba que “el encuentro consigo mismo” era el objetivo de nuestra existencia, y que no había que tomarlo como un todo, sino como un puzzle que poco a poco hay que ir montando.
- ¿Y aparezco en ese puzzle de alguna manera?, contestó Fede.
- Sí, respondió Ángela, pero no incluido en el paisaje, sino como esa alma gemela que me ayudó a terminar una parte importante del mismo, pero todavía son muchas las piezas a colocar.
- Quizás puedo colaborar de alguna manera más, adujo Federico
- Ya lo haces, Fede, el ejercicio siempre me procuró estabilidad, hablar estimula mi mente, y correr hablando contigo de cualquier tontada, desde trabajo, fobias, manías, miedos o hasta del Real Valladolid, es como conectar la batería a la corriente y recargarla para afrontar una semana más.
- Yo no sé, Ángela, exactamente qué significa eso de “el encuentro con uno mismo”, para mí me suena un poco a película de kárate de los 70, ¿te acuerdas de la serie Kung-Fu, con el David Carradine????, un servidor, a partir de ver el primer episodio, que por ser el de presentación duraba el doble, quedó enganchado, al igual que todos mis amigos de entonces, y llegados cinco minutos antes dejábamos todos nuestros juegos para repartirnos por unos u otros domicilios para ver el nuevo episodio.
- Siempre hay alguna serie, artículo o libro que populariza alguna frase, una palabra, un método, un …. lo que sea -contestó Ángela-. Ahí tienes a tus Beatles con su meditación, ellos fueron quienes lo popularizaron, pero con anterioridad hubo otra mucha gente.
- Te confieso que alguna vez pensé sobre el tema, pero sin entrar en profundidades. Por ejemplo, sé que esa frase estaba inscrita en el pronaos del templo de Apolo, en Delfos: “conócete a ti mismo”.
- Ya sabes Fede que los griegos y los hindúes tuvieron contacto en la antigüedad, y no sólo para darse de leches, sino a nivel de pensamiento, porque de alguna forma esta frase, y todo lo que da a entender, flota en el espíritu tanto helenístico como hindú.
- Como ya te conté alguna vez, yo estudié en un colegio de curas, y recuerdo un poco por encima que hubo uno, muy modernillo él y al que todavía veo de vez en cuando, está bastante mayor, pero se acuerda de mi nombre y todo, que de vez en cuando nos sacaba algún tema especial, como éste, pero siempre lo ligaba o direcionaba de alguna forma a su tema, el de la religión, los estudios y lo que queremos hacer con nuestra vida, vamos, y es que cada uno trata de llevar el ascua a su sardina, pero por supuesto en los libros de texto, ya fuera de la materia que sea, nada de nada.
- Las monjas ni tan siquiera se les ocurría hablarnos de esto. Podríamos decir que trataban de amoldarnos o que encajáramos como sea en el molde que ellas nos daban, tanto la religión, formación del espíritu nacional, o labores, no eran más que corsés en donde teníamos que entrar. Y si conocían algo de esa frase, no nos lo trasladaron.
- Oye Ángela, una cosa, posiblemente sea una tontada lo que diga, pero eso del “conócete a ti mismo”, ¿¿¿¿no estará relacionado con lo que ahora se llama el manejo de las emociones?, la empatía y todo eso, ya sabes.
- Pues pudiera ser, es una forma de verlo, pero creo que se ajusta bastante, una persona equilibrada emocionalmente la podríamos calificar como estable, que ha alcanzado su grado de conocimiento propio, de conocimiento interior…. Esto lo tenemos que desarrollar otra tarde. ¡¡¡Ah, y por cierto!!!!, que no te lo he dicho antes, si no te parece mal cenamos ya y echamos un polvete rápido que mañana tengo que madrugar para llevar a mi madre a ver a su hermano Cele a la residencia en donde le ha metido su familia, ya sabes que vivía sólo y parece que últimamente necesitaba un poco más de atención, no puede valerse por sí mismo. Me encantaría que le conocieras, es muy simpático y además le gusta mucho hablar (tiene la cabeza impecable), pero primero tengo que ir preparando a mi madre para que poco a poco vaya sabiendo que existes y que me gustas.
Ahora Federico pensaba, ¿sería esta conversación el motivo del desvelo de hoy?, el vino no podía ser, además del brindis apenas lo cataron, y aparentemente el solomillo tampoco (sólo tenía una copa de coñac), no tenía ni molestias en el estómago, ni reflujo ni nada, y además había sobrado casi todo, decepcionante después de todo el trabajo que me llevó, sensación que se atenuó un poco al comprobar que cogía una fiambrera de plástico llevándose un poco más de la mitad (para que lo pruebe mi madre, dijo).
Ángela ya hacía tiempo que se había ido y no volvieron a sacar este tema, pero parecía que aún rondaba en su cabeza.
- ¡Madre mía! -exclamó Federico de repente-, si ya son las 5:30 de la mañana y todavía estoy despierto. Media vuelta y a dormir, que las nueve llegan enseguida. ¡Uuaaaaaaaahhhh! (bostezó), buenas noches, buenas noches, buenas noches ….. último corte del LP Blanco de los Beatles, maravilloso tema de John Lennon cantado por Richard Starkey, Ringo Starr para los amigos, en donde George Martin suprimió las guitarras para crear una alfombra de sonido orquestal realmente adormecedorrrrrrrr….. (y se durmió).
Esta vez no hay reflexiones ni moralejas ni nada que se le asemeje, pero de lo que no he podido pasar, y ya os habréis dado cuenta, es de mencionar a los chicos de Liverpool.
No hay comentarios:
Publicar un comentario