Hay que ver lo que son las cosas. Buscando por internet mi árbol genealógico me encuentro con que mi abuelo materno era natural de Villacreces, pequeño pueblo de la provincia de Valladolid actualmente despoblado, no existiendo más que ruinas, salvo una torre mudéjar que como no se la cuide no tardará a pasar a formar parte del resto de las ruinas.
Esto me llevó a pensar: ¿y no se puede hacer nada por recuperar este pueblo de alguna manera?. Yo no me resisto a pensar que tengamos que resignarnos.
Vayamos al inicio.
En Castilla tenemos un problema muy importante: la despoblación, queramos o no producida como consecuencia de unas políticas zafias que impulsaron la focalización de la industria en cuatro grandes núcleos, lo que obviamente produjo un incremento de la riqueza de esos núcleos industriales y un empobrecimiento del resto, pues no deja de ser la riqueza una especie de vasos comunicantes, con todo lo que conlleva, puestos de trabajo principalmente, en su mayor parte procedentes de esas zonas despobladas al negarles, al menos, la industrialización de sus propios productos.
Pero no voy a ir por ese camino, la realidad es que esa despoblación está dejando un montón de pueblos en precario, sin apenas población, totalmente dependientes al carecer prácticamente de servicios, problema para el que hay que buscar solución inmediata y afrontarlo de alguna manera.
No tengo ningún reparo en lanzar de momento un par de ideas, más o menos utópicas, que debidamente discutidas creo que podrían revertir esta despoblación a la par de generar mayor riqueza y alegría.
Reconversión de pueblos en urbanizaciones
Al estilo de las urbanizaciones se cerraría todo el pueblo para que sólo se pudiera entrar por una puerta principal debidamente controlada.
En el interior los chalets se harían imitando la arquitectura de la zona, pero obviamente con todas las comodidades.
El ayuntamiento sería algo así como la comunidad de vecinos.
En función del número de habitantes que pudiera llegar a tener podría tener diversos servicios en comunidad como el agua caliente, la calefacción, zona de actividades al aire libre y cerradas, la guardería, colegio infantil, servicio médico y otras que en este momento no puedo concretar.
Todos los elementos históricos (iglesia, casonas o lo que fuera), se mantendrían, pero del resto del pueblo se haría un reestructuración en profundidad que lo hiciera más práctico (calles más anchas debidamente asfaltadas, por ejemplo).
Pueblos “tutelados”
La población está cada vez más avejentada, por lo que habría que buscar primeramente que estuvieran bien atendidos los que no tuvieran movilidad o con estado de salud delicado, y por el otro lado aquellos con movilidad suficiente.
Estos pueblos “tutelados” actuarían como una gran residencia para mayores.
Al igual que en el caso de las poblaciones reconvertidas a urbanizaciones tendrían la ventaja de que los servicios serían comunes: agua caliente, calefacción, servicios médicos, zonas de actividades tanto cerradas como al aire libre, etcétera.
Aquellos sin movilidad o con estado de salud delicado tendrían el mismo cuidado que en cualquier otra residencia, con la ventaja de estar en el campo, sin ruidos, sin polución, en un entorno más natural en definitiva, por lo que estarían más beneficiados.
Y principalmente el beneficio lo tendrían aquellos con movilidad, que tendrían la posibilidad de incrementar sus actividades, que bien podrían ser ayudar a sus compañeros, o bien acudir a la zona de lectura, internet, pintura, billar…, o bien al aire libre, en donde podrían ejercer todo tipo de actividades al aire libre o bien producir en determinadas áreas perfectamente delimitadas frutas y verduras, o simplemente flores, frutas y verduras para consumo propio, que podría llegar a la autosuficiencia, o bien intercambio con otros productos de otros pueblos.
A mi no me parece utópico, costoso quizás, pero no demasiado, todo es cosa de empezar.
Dejo un par de videos que he pillado por YouTube de Villacreces, uno desde el suelo y otro desde el aire. A mi me han gustado:
Se encontraba bien, muy bien, extrañamente bien, inusualmente bien, pensaba. Sabía que todos se habían acostado pronto después de una soberbia cena para compensar calorías perdidas después de un día agotador.
¿A quién se le ocurrió?, bueno, da igual quien hubiera sido, el caso es que había tenido una gran idea, un extraordinario acierto pasar el fin de semana en el Burgo de Osma.
El objetivo principal era recorrer todo el Cañón del Río Lobos en su totalidad, ¿20, 25, 30 kilómetros?, ¡qué más da!, nadie lo sabía con exactitud, todos se limitaron a andar y a andar con la boca abierta. No defraudó a nadie, era un espectáculo impresionante. Ante estas maravillas de la naturaleza uno se siente extraño, casi más como un invasor que como un turista, a quien le acompañan enormes paredones de tierra durante todo el recorrido, paredones en donde se protegen la distinta flora, fauna y aves en general.
El hotel en donde se alojaron en El Burgo de Osma no era cosa del otro mundo, pero estaba limpio y no escatimaba en calefacción, pues a pesar de ser mayo las noches en esta zona son frías.
Tenía que fijarse en el colchón, era extraordinario, le acogía, le envolvía y sólo faltaba que le acunara, era una sensación especial, no quería despertarse por temor a perderla.
Un ruido iba in crescendo conforme se acercaba lo que fuera que fuese lo que lo producía. Por las voces y el ruido de llantas sobre la tierra no tardaron en adivinar que era un grupo de ciclistas que se acercaban a toda velocidad.
Será mejor que nos arrimemos al riachuelo para dejarles el mayor espacio libre.
La cabeza del pelotón les vió perfectamente, pero al final iban un par de ellos conversando, que sintiéndose protegidos por los compañeros de adelante no se percataron que había unos paseantes a su derecha, a uno de los cuales no pudieron esquivar empujándole al riachuelo …..
¡Mierda, que me meo!.
Se levantó a la carrera llegando justo a tiempo al inodoro.
¡¡¡Puf!!!. Por un pelo. Menudo sueño, parecía tan real.
Una vez acostado nuevamente, se percató que, contrariamente a lo habitual, recordaba el sueño casi en su totalidad, y por eso pudo darse cuenta que prácticamente se correspondía con hechos o sensaciones de la tarde anterior.
Esa paz al contemplar el paisaje era muy similar a la que disfrutaba poco antes de ser lanzado al riachuelo por los ciclistas. Grupos con los que se había encontrado a lo largo de toda la caminata, pero con los que no hubo percance alguno afortunadamente.
Recordó sus primeros años de senderista, principalmente el primer paseo: “la senda del Oso”, y casi sin querer, le vino a la memoria las enormes similitudes entre esta senda y la línea de ferrocarril, actualmente abandonada, que le había acompañado durante todo el viaje desde que salió de Valladolid: la línea de ferrocarril Valladolid-Ariza.
Tumbado en la cama con las manos bajo la nuca, en lo que recuperaba el sueño, pensó:
¡¡¡¡Pues no sería tan mala idea reconvertir esta línea en una senda biciturística senderista!!!!. Otra cosa es tocar los palillos para que alguien con suficiente entidad y autoridad pueda moverlo. Seria darle un poco más de forma. Recordemos las paradas que tiene:
Sale de Valladolid y al poco se integra en Laguna de Duero, los primeros tres kilómetros los utiliza la factoría de Fasa Renault, pero luego está totalmente libre para hacer un paseo estupendo que sirva de pulmón a Valladolid, o ruta de desconexión para trabajadores que residan en Laguna y decidan ir a trabajar en bicicleta.
Y prácticamente podría continuar hasta la siguiente parada, Tudela de Duero. Aquí serían 12 kilómetros más, pero a cambio el terreno es llano, perfecto para marchas. ¿Y qué me dicen del meandro que hace el río Duero en Tudela de idem?, un auténtico espectáculo.
La línea continúa hasta Traspinedo, pueblo del siglo XIV que por su proximidad a Valladolid está sumando cada día más habitantes. Esto estaría en el kilómetro 26 desde el inicio y sólo 7 kilómetros desde Tudela.
Algo parecido pasa con la siguiente parada: Sardón de Duero, zona con abundante agua que agradecen sus regadíos, viñedos, plantaciones y árboles en general. Desde aquí son unos 31 kilómetros hasta Valladolid. Treinta kilómetros en bici puede ser una media hora, así que sería perfecto para aquellos que optaran por tener su residencia en esta zona y trabajar en la capital. Una alternativa a la carretera nacional y desde luego muy saludable.
Llegamos a Quintanilla de Onésimo, antes Quintanilla de Abajo, anteriormente “de Yuso” y antes “de Duero”. Aunque el núcleo actual de la población data del siglo XI, existen indicios en esta zona de la Edad del Bronce. El retablo de la iglesia, San Millán, renacentista del siglo XVI, es de la escuela palentina. Estamos ya a 38 kilómetros de Valladolid y 7 de Traspinedo.
La siguiente parada, Quintanilla de Arriba, está casi 13 kilómetros más. Pueblo típico castellano de menor importancia que su homónimo anterior.
Ocho kilómetros más y ya nos encontramos con Peñafiel, ¿qué decir que no se sepa de esta magnífica villa con su imponente castillo, sus calles y su plaza Mayor?. Su origen se remonta a épocas prehistóricas (existen restos de asentamientos vacceos), pero es a principios del siglo X cuando es repoblado y reconquistado.
Bocos de Duero está a 6 kilómetros más, lo que totalizan ya 64 desde el inicio. Es un municipio pequeño en el extremo más oriental de Valladolid. Actualmente su población no supera los 60 habitantes, pero su historia es enorme, no estaría de más hacer algún tipo de centro de interpretación que diera a conocer no sólo su historia, sino la zona en sí.
Y llegamos a otra gran plaza: Roa de Duero, ya en la provincia de Burgos, a 80 kilómetros de Valladolid aunque sólo 14 de Bocos. Hay quien dice que puede tratarse de la antigua Rauda romana, y de hecho por aquí pasa una antigua calzada romana que iba de Clunia a Astorga, situada sobre un espolón asomado al río Duero que domina todo el paisaje.
La siguiente estación, a tan sólo cuatro kilómetros, es Berlangas de Roa, que se caracteriza por su gran número de fuentes y manantiales.
Continuamos ruta por el sur de Burgos para llegar a Castrillo de la Vega, a 90 kilómetros del inicio de la línea y sólo ocho de Berlangas. Se trata de villa fundada a principios del siglo X para asentamiento de los nuevos terrenos conquistados. Aparte de su iglesia de Santiago el Mayor, destaca el puente medieval de San Roque.
Y llegamos a la localidad más importante de toda la línea, Aranda de Duero, a 99 kilómetros desde el inicio y a 8 de la anterior parada. Esta ciudad merece un capítulo aparte por su enorme historia. De momento sólo destacar su proximidad a la ciudad romana de Clunia Sulpicia.
Pasados 18 kilómetros llegamos a La Vid. Este es un pueblo nuevo, fue construído a finales de los 50 para acoger a los vecinos de Linares del Arroyo, pueblo de Segovia que fue inundado por la presa de Linares. Imprescindible visitar el Monasterio de Santa María de la Vid, fundado en el siglo XII y con un sin fin de sorpresas en su interior.
Siguiente parada Zuzones, a tan sólo un kilómetro de La Vid. Sólo la panorámica desde el cerro de “El Otero” justifica la parada en este pueblo.
Otros siete kilómetros más y llegamos a Langa de Duero, punto kilométrico 125, ya en la provincia de Soria. La que fuera Segontia Lanka, ciudad celtíbero-romana, es un vivo recuerdo de la historia de nuestro pais, ha pasado por todos los avatares posibles: celtibérica, arévaca, romana, musulmana, cristiana, siendo nombrada en numerosos escritos de la antigüedad. Sólo por ésto ya vale la pena entrenerse en sus calles y paisajes.
Dieciocho kilómetros más para llegar a San Esteban de Gormaz. El pueblo está declarado conjunto histórico artístico. Imposible decir más, ni menos, en tan pocas palabras.
Llegamos al kilómetro 152, estación de Osma-La Rasa. Osma fue la antigua ciudad arévaca de Uxama Argaela, que también subsistió todas las invasiones, transformándose convenientemente y dejando extraordinarios vestigios que obligatoriamente hay que ver o pasear según el caso. La Rasa es un pueblo nuevo como consecuencia de recoger la estación de tren.
Quintanas de Gormaz, a 13 kilómetros de la anterior parada. Municipio muy venido a menos y que siempre estuvo ligado a Gormaz. Su entorno natural, incluido en Red Natura 2000, es inenarrable. Por cierto, no hay que dejar de visitar las antiguas escuelas.
Y llegamos a Berlanga de Duero, a siete kilómetros más, lo que totaliza ya 172 desde el inicio. Para esta villa necesitamos al menos todo un día para empaparnos de la enorme historia que tiene (Castillo, Palacio de los Marqueses de Berlanga, Rollo castellano, Colegiata de Santa María del Mercado, Murallas, puertas de acceso …..).
Rebollo de Duero es la siguiente parada, 13 kilómetros, es una pequeña población con pocos habitantes, bordeada por el norte por el río Duero.
Barca y Matute, en el kilómetro 196’6, que da servicio a las poblaciones de Barca, pequeña localidad con rollo de justicia declarado bien protegido por la Junta, y otra localidad menor, Matute de Almazán.
Seis kilómetros más y llegamos a la villa de Almazán, otra ciudad que siempre ha estado ahí desde el principio de los tiempos, histórica como la que más y un patrimonio desbordante. Como curiosidad decir que durante la guerra de la Independencia fue incendiada por los franceses en el año 1810 por la gran resistencia que les hicieron, sólo con 1.600 hombres. ¿Porqué todavía no se ha hecho una película de este hecho?.
Otros 6 kilómetros y llegamos a Coscurita, total 209’3 kilómetros. Otro pueblo venido a menos, aunque no por ello menos interesante de pasear y conocer.
En el kilómetro 215’6 nos encontramos con Morón de Almazán. Si no has oido hablar de esta localidad te sorprenderá por su inesperada riqueza patrimonial histórica: Plaza Mayor con la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, rollo de Justicia, Palacio renacentista de los Mendoza …., una pena que esté despoblandose.
Alentisque es la siguiente estación a 5 km más, total 220’6. Otra pequeña localidad venida igualmente a menos. Tiene su encanto.
Chércoles 12 km más, en su término municipal pudieron existir varios poblados celtibéricos. Habría que estudiar la posibilidad de hacer un centro de interpretación de la zona para reclamo de turistas o senderistas en general.
Y final de trayecto, 254’2 kilómetros, Ariza, ya perteneciente a la provincia de Zaragoza, es la villa puerta de Castilla…., creo que me estoy quedando dormido…., ¡Uuuuaaaaahhh!, recorrer sus calles y entorno natural de esta villa injustamente olvidada, como todas las anteriores, es una maravilla.
Esto es un gran proyecto. Mañana mismo, durante el desayuno, suponiendo que me acuerde, pongo sobre el tapete este tema para ver qué se le ocurre a cada cual y qué podemos hacer, si es factible y tenemos la ocasión de entretenernos con esto un rato, o si todo lo contrario, es una locura que mejor no menear.
De cualquier forma y pase lo que pase, esto es una maravilla. ¡¡¡Diossssss..., pero qué guapa es mi tierra!!!!.
Y con este pensamiento se dió media vuelta para coger postura y nuevamente se durmió.
Como digo en el epígrafe, esta vez no se trata de ningún relato, es un breve comentario sobre la última novela que ha caído en mis manos, y que me ha resultado verdaderamente grata de leer.
La novela en cuestión ha salido recientemente, marzo/2017, y está escrita por Ignacio Martínez de Pisón, con un montón de novelas en su haber, la última, o más bien la anterior a la presente, del 2014: “La buena reputación”.
Se trata de un escritor joven, 1960, natural de Zaragoza, y al igual que otra mucha gente, su familia tuvo que emigrar a otras zonas con mayor índice de trabajo, concretamente a Barcelona, donde reside prácticamente desde entonces.
Y esto me lleva a dos puntos calientes:
Uno: el de los residentes en Barcelona y por extensión al resto de la región, ¿son realmente tantos como dicen que son?, yo particularmente considero que la gran mayoría son extremeños, andaluces o procedentes de otras regiones, aunque en menor número. Parece como que se avergonzaran de sus orígenes y trataran de camuflarlos, cuando deberían enorgullecerse y conservar sus costumbres, su idiosincrasia particular.
Dos: industrialización. ¿Por qué está centrada en cuatro núcleos en España y no diversificada estratégicamente?.
Es obvio que si en Castilla-León tenemos cada año menos población es porque en su momento nuestros jóvenes tuvieron que emigrar por falta de trabajo, consecuencia de llevar la industria a esos núcleos, y todo ello por ese afán del gobierno por agradar a una parte de la población española en detrimento del resto, porque esto es igual que los vasos comunicantes, en lo que no me voy a meter ahora.
Antes de volver al tema principal, dejo este enlace a un artículo del periódico El Norte de Castilla de fecha 05-11-2016, titulado "las zancadillas que sufrió Renault", referido a las barreras que se le puso hasta que por fin pudo ubicarse en Valladolid. Y esto no es más que una muestra de la realidad.
Está claro que los españoles no seremos iguales mientras uno tenga menos oportunidades que otro y por tanto se vea obligado a desatender su tierra, abandonar a su gente y emigrar.
Y volviendo a la novela.
Como decía antes, he pasado un buen rato leyendo esta novela; por simplificar diré que viene a ser una especie de Cuéntame, esa serie de TVE1, con otros protagonistas, diría más creibles, gente con otras particularidades, en el mismo momento político, pero en un barrio diferente, una ciudad diferente y hasta una Comunidad diferente.
Casi podríamos calificar la novela como de "familiar" o "generacional", en donde el hijo mayor de la familia nos va contando todos los entresijos esta familia tan particular, sus penas y también esos momentos de felicidad que sin duda tuvieron, de tal forma que es fácil identificarse con ellos, reconocernos nosotros mismos de alguna manera, y más en el caso de ser coetáneo del momento en donde se sitúa la acción, pues el trasfondo histórico es importante, que digamos centra el hilo argumental. Igualito que en Cuentamé.
Y para finalizar, ¿no creéis que sería un acierto que los micro ondas, además de las opciones que tienen para calentar o descongelar, tuvieran una opción para enfriar los platos demasiado calientes?.