viernes, 29 de abril de 2016

El encuentro conmigo mismo

Federico se desveló por la noche a una hora inhabitual en él, generalmente dormía a pierna suelta, de un tirón, vamos..


  • ¡¡¡Hummmmm!!!, no me parece que sea hora de levantarse ya, ¿qué hora es?????, (cogió su iPhone 5 que tenía encima de la noche) ¡las 5 de la mañana!!!!, ¿cómo es posible que me haya despertado tan pronto cuando ayer quedamos agotados????, bueno, me levanto, un pis y a la cama de nuevo.


Mientras se levantaba Federico recordaba la tarde de ayer con Ángela, todavía no podía creerse la suerte que había tenido con esta mujer, no entraba ni tan siquiera en sus mejores proyectos o sueños, y fue de la manera más tonta.


Federico era una persona metódica, los viernes les tenía reservado para sí mismo  (su lema era: ¡cuídate a tí mismo al menos un día a la semana!, así que después de las 6 de la tarde, hora de salida del trabajo, iba tranquilamente a casa imaginando el fin de semana que justo empezaba en ese momento: revisaba mentalmente la agenda, generalmente vacía, y trataba de recordar la oferta de espectáculos, posibles compromisos con amistades (pocas) y otras actividades diversas.


Habitualmente encontraba un determinado placer llegar relajadamente a casa, vestirse con calma su ropa deportiva y salir a disfrutar de una carrera intensa, de más a menos, pero tranquila, a lo largo de las dos orillas del Pisuerga.


Fué así como conoció a Ángela. Al principio, y cuando se la encontraba de frente, la saludaba como lo hacen todos los corredores que llevan un tiempo viéndose con un gesto amistoso o un grito de guerra: ¡vamos!, ¡venga!, o similares.


Otra cosa es cuando se la encontraba corriendo en el mismo sentido, automáticamente ajustaba su velocidad a la de ella y, durante el mayor tiempo posible, disfrutaba de su figura moverse al ritmo de la carrera. Aunque trataba de hacer el menor ruido posible y estar suficientemente a distancia para que no se percatara de que la seguía, ella parecía intuirlo y al poco giraba la cabeza con una sonrisa, descubriéndole, y a partir de ese momento no le quedaba otra opción que aumentar velocidad sin ganas y pasarla, siempre lanzando la consabida consigna de ánimo: ¡venga compañera!, o similar.


Todo cambió una tarde en donde ya sea por las endorfinas, por las feromonas, el tiempo primaveral, confluencia de Júpiter con Saturno o todas ellas a la vez, cualquiera sabe, y sin haberlo premeditado, cuando estaba a su altura, sin sobrepasarla, sonriendo y mirándola a los ojos le soltó de sopetón:


  • ¿Preparándote para alguna carrera????. A lo que contestó, mirando igualmente a los ojos con una sonrisa abierta
  • Por supuesto, a los Diez Kilómetros de Palencia, ya estoy apuntada, ¿vas a hacerla tú también?.
  • Pues curiosamente este año fallo porque ninguno de mis compañeros habituales la quiere hacer, pero si me haces un hueco entre tu gente puedo apuntarme.
  • Voy sola, y si no te parece mal podemos hacerla y compartir gastos.


Federico no pudo contestar, inmediatamente sintió que volaba, su pie derecho tropezó con una piedra levantada más de lo habitual (¿o fue el pie el que no se levantó lo suficiente?), aterrizando forzosamente diez metros más adelante, quedando conmocionado no del golpe, sino por los cuidados que estaba recibiendo de Ángela.


Desde entonces habían pasado más de dos años compartiendo carreras, entrenamientos los viernes, cena y cama.


Ángela tenía para todo alguna explicación o respuesta, era una fuente inagotable de conversación sobre cualquier tema, hasta el más abrupto, asombroso o insospechado, como insospechado era el tema que salió esta noche: “el encuentro consigo mismo”.


Fede no recordaba cómo llegaron a esa frase, ya se habían duchado y estaban preparando la cena, una ensalada ilustrada especial para compensar las sales perdidas durante la carrera; y de segundo un solomillo a la naranja para celebrar un viernes más, y para el que había sacado un tinto Ribera “Arroyo”, reserva del 2009, y que había comprado por correo a una empresa de esas que te lo envían por portes pagados en un pis pas.


Ella afirmaba que “el encuentro consigo mismo” era el objetivo de nuestra existencia, y que no había que tomarlo como un todo, sino como un puzzle que poco a poco hay que ir montando.


  • ¿Y aparezco en ese puzzle de alguna manera?, contestó Fede.


  • Sí, respondió Ángela, pero no incluido en el paisaje, sino como esa alma gemela que me ayudó a terminar una parte importante del mismo, pero todavía son muchas las piezas a colocar.


  • Quizás puedo colaborar de alguna manera más, adujo Federico


  • Ya lo haces, Fede, el ejercicio siempre me procuró estabilidad, hablar estimula mi mente, y correr hablando contigo de cualquier tontada, desde trabajo, fobias, manías, miedos o hasta del Real Valladolid, es como conectar la batería a la corriente y recargarla para afrontar una semana más.


  • Yo no sé, Ángela, exactamente qué significa eso de “el encuentro con uno mismo”, para mí me suena un poco a película de kárate de los 70, ¿te acuerdas de la serie Kung-Fu, con el David Carradine????, un servidor, a partir de ver el primer episodio, que por ser el de presentación duraba el doble, quedó enganchado, al igual que todos mis amigos de entonces, y llegados cinco minutos antes dejábamos todos nuestros juegos para repartirnos por unos u otros domicilios para ver el nuevo episodio.


  • Siempre hay alguna serie, artículo o libro que populariza alguna frase, una palabra, un método, un …. lo que sea -contestó Ángela-. Ahí tienes a tus Beatles con su meditación, ellos fueron quienes lo popularizaron, pero con anterioridad hubo otra mucha gente.


  • Te confieso que alguna vez pensé sobre el tema, pero sin entrar en profundidades. Por ejemplo, sé que esa frase estaba inscrita en el pronaos del templo de Apolo, en Delfos:  “conócete a ti mismo”.


  • Ya sabes Fede que los griegos y los hindúes tuvieron contacto en la antigüedad, y no sólo para darse de leches, sino a nivel de pensamiento, porque de alguna forma esta frase, y todo lo que da a entender, flota en el espíritu tanto helenístico como hindú.


  • Como ya te conté alguna vez, yo estudié en un colegio de curas, y recuerdo un poco por encima que hubo uno, muy modernillo él y al que todavía veo de vez en cuando, está bastante mayor, pero se acuerda de mi nombre y todo, que de vez en cuando nos sacaba algún tema especial, como éste, pero siempre lo ligaba o direcionaba de alguna forma a su tema, el de la religión, los estudios y lo que queremos hacer con nuestra vida, vamos, y es que cada uno trata de llevar el ascua a su sardina, pero por supuesto en los libros de texto, ya fuera de la materia que sea, nada de nada.


  • Las monjas ni tan siquiera se les ocurría hablarnos de esto. Podríamos decir que trataban de amoldarnos o que encajáramos como sea en el molde que ellas nos daban, tanto la religión, formación del espíritu nacional, o labores, no eran más que corsés en donde teníamos que entrar. Y si conocían algo de esa frase, no nos lo trasladaron.


  • Oye Ángela, una cosa, posiblemente sea una tontada lo que diga, pero eso del “conócete a ti mismo”, ¿¿¿¿no estará relacionado con lo que ahora se llama el manejo de las emociones?, la empatía y todo eso, ya sabes.


  • Pues pudiera ser, es una forma de verlo, pero creo que se ajusta bastante, una persona equilibrada emocionalmente la podríamos calificar como estable, que ha alcanzado su grado de conocimiento propio, de conocimiento interior…. Esto lo tenemos que desarrollar otra tarde. ¡¡¡Ah, y por cierto!!!!, que no te lo he dicho antes, si no te parece mal cenamos ya y echamos un polvete rápido que mañana tengo que madrugar para llevar a mi madre a ver a su hermano Cele a la residencia en donde le ha metido su familia, ya sabes que vivía sólo y parece que últimamente necesitaba un poco más de atención, no puede valerse por sí mismo. Me encantaría que le conocieras, es muy simpático y además le gusta mucho hablar (tiene la cabeza impecable), pero primero tengo que ir preparando a mi madre para que poco a poco vaya sabiendo que existes y que me gustas.


Ahora Federico pensaba, ¿sería esta conversación el motivo del desvelo de hoy?, el vino no podía ser, además del brindis apenas lo cataron, y aparentemente el solomillo tampoco (sólo tenía una copa de coñac), no tenía ni molestias en el estómago, ni reflujo ni nada, y además había sobrado casi todo, decepcionante después de todo el trabajo que me llevó, sensación que se atenuó un poco al comprobar que cogía una fiambrera de plástico llevándose un poco más de la mitad (para que lo pruebe mi madre, dijo).


Ángela ya hacía tiempo que se había ido y no volvieron a sacar este tema, pero parecía que aún rondaba en su cabeza.


  • ¡Madre mía! -exclamó Federico de repente-, si ya son las 5:30 de la mañana y todavía estoy despierto. Media vuelta y a dormir, que las nueve llegan enseguida. ¡Uuaaaaaaaahhhh! (bostezó), buenas noches, buenas noches, buenas noches ….. último corte del LP Blanco de los Beatles, maravilloso tema de John Lennon cantado por Richard Starkey, Ringo Starr para los amigos, en donde George Martin suprimió las guitarras para crear una alfombra de sonido orquestal realmente adormecedorrrrrrrr….. (y se durmió).


Esta vez no hay reflexiones ni moralejas ni nada que se le asemeje, pero de lo que no he podido pasar, y ya os habréis dado cuenta, es de mencionar a los chicos de Liverpool.








jueves, 21 de abril de 2016

El terror a lo finito

Particularmente yo siempre he tenido claro quién mandaba en casa: mi mujer, claro está, y según tengo hablado con mis amigos y compañeros, la cosa no varía, puede haber algún matiz arriba o abajo, pero quien gobierna realmente es la mujer.


A mi no me va mal, desde que cerraron la gestoría y nos quedamos en la puta calle, convirtiéndome un parado de larga duración, mi señora tuvo muy claro que no íbamos a recibir un duro de nada ni de nadie, afortunadamente ella trabaja, e inmediatamente se puso manos a la obra para tenerme siempre ocupado, pues conocía suficientes casos deplorables, principalmente relacionados con el alcohol, como para no querer verlo repetidos en su propia casa, asignándome distintas tareas de la casa y apuntándome a diversas actividades, extrañas para mí en un principio, pero a las que pronto cogí el gustillo, incluso me apuntó a un taller de lectura y escritura, y es que según ví, mi señora me conocía mejor de lo que me conozco a mi mismo.


No tengo duda que esta subordinación se reproduce en la práctica totalidad de los matrimonios, y entiendo que es una prueba evidente de la evolución de la sociedad, en donde el paso decisivo será el dejarnos de andar con disimulos y dar paso a la mujer en la mayor parte de los puestos de responsabilidad: ¡una mujer para presidente del gobierno YA!.


Bien, pues como iba diciendo, mi señora antes de ir a trabajar ya me ha escrito en una nota, sujeta con un imán a la puerta del frigorífico en donde estructura las diferentes tareas a realizar: de comida haces tal, sube al Carrefour a comprar tal, no te olvides de cual, y ojo con el tema ese que no se te pase más tiempo.


Hoy tenía una labor muy particular a la que afortunadamente esta vez estaba preparado, el día había amanecido soleado, los pajarillos: gorriones, golondrinas, estorninos, verdejos…, ¡alto ahí!, vencejos, quiero decir vencejos, en qué estaría pensando, el verdejo es para otro momento del día…. pues como decía, los pajarillos habían iniciado sus tímidos trinos poco antes de la salida del Sol, para ir in crescendo según iba el gran Astro apareciendo en el horizonte, momento cúspide en que ya es imposible estar en la cama, salvo sueño profundo grado 1 o tapones en las orejas.


De chico recuerdo que esta piera o concierto de trinos me irritaba, pero ahora por el contrario me llena de vida, es como si la vida fuera un UNO total dividido en numerosas existencias, convergiendo en una confluencia especial cuando existe una proliferación de la misma …… perdón, creo que me he perdido, estábamos hablando de que mi señora me deja la lista de tareas en el frigorífico y que hoy en concreto tenía aquella que me provocaba un tremendo terror a lo finito: LIMPIEZA DEL SALÓN A FONDO.


¿Y qué tendrá que ver la limpieza del salón con el temor a lo finito?, pues paciencia, ya falta poco, concretamente tres hojas más.


Todos los días paso rápidamente la aspiradora y el polvo por encima, pero mensualmente hay que hacer la limpieza general en esa habitación de la casa en donde se concentran fotografías, libros, discos, adornos…. en fin, recuerdos de todo tipo con su carga de nostalgia correspondiente, y lo cierto es que no sé si esto es bueno o si es malo, posiblemente sea puro masoquismo, pero las más de las veces encuentro, una vez empezada la tarea, un cierto placer en ello, es decir, en limpiarlo, colocarlo, recordarlo…., estoy convencido que me baja hasta esa rebelde tensión arterial.


Esto no me pasaba antes, quiero decir de más joven, recuerdo que la primera vez que me dió ese ataque de terror fue hace ya un tiempo que prefiero no calcular (me lo tengo prohibido totalmente), estaba con mi limpieza de discos, uno a uno, me llegaba en el apartado de The Beatles cuando cogí el Doble Blanco, con las fotos de los cuatro Beatles individualizadas en el interior, hay que ver lo guapo y lo jóvenes que estaban en ese momento, y que discazo habían sacado, por si alguien creía que el Sargento Peppers era imposible de superar, ahí va eso, un discazo por partida doble, y eso a pesar de las discusiones y trifulcas que tuvieron, que por cierto también fue por causa de mujeres.


Mi reacción inmediata fue ponerlo en el plato de música para darle el toque de oro al día de la limpieza general en el salón, ¿qué cara colocar?, la uno, esa que empieza por el Back in the URSS (enorme canción del PaulMc muy en la línea de lo que haría posteriormente con los Wings), que sigue con Dear Prudence (hecha e interpretada por Lennon y dedicada a la hermana de Mia Farrow que curiosamente también estaba en el retiro de los Beatles en Rishikesh, y que al parecer no salía de su habitación para no perder la concentración, aunque las malas lenguas digan que en realidad lo que tenía era un colitis horrorosa), ¿y que me decís del tercer tema?: Glass Onion??? (Looking through a glass onion…).


Vale de acuerdo, ya entiendo la indirecta, que vaya al grano y que deje de dispersarme, queréis decir, pues sigo.


Recuerdo que finalmente puse la cara dos, esa que empieza por Martha My Dear y acaba con Julia, un total de nueve canciones breves electrizantes, mezcladas una detrás de otra,  y que desde aquel día soy incapaz de oir sin que se me escape una lágrima, y ese momento también fue el que me creó la conciencia del paso del tiempo, ese terror a lo finito: Habían pasado cuarenta años desde que el disco saliera en octubre de 1968, y si el disco tenía ya cuarenta años, ¿cuántos años tenía yo?, ¿cuánto tiempo ha pasado desde que se disolvieran los Beatles?, ¿cuántos años desde ….. ????, ¡eeeeeehhhh, alto ahí!, se acabaron los cálculos.


Tuve que bajar de la escalera porque de repente empecé a sentir sudores y vértigos, maravillosa película de Alfred Hitchcock del año 1958 (¡¡¡¡nooooo, diez años más vieja, qué horror!!!), con un James Stewart extraordinario y una Kim Novak que además de darle la réplica perfectamente estaba maravillosa -otro de mis amores imposibles-).


Perdón nuevamente por la dispersión, como iba diciendo me entraron sudores y vértigos ya sólo de pensar en los años pasados y saber que igual que habían pasado hasta ahora, seguirían pasando en adelante, y que dentro de otros cuarenta años …… ¡¡¡¡noooooooo, no lo quería pensar!!!!, yo quiero ser siempre el chavalote que ahorraba casi la totalidad de la propina para pegarse el gustazo de comprar uno de esos discos cuya portada lucía en los escaparates de esas tiendas de discos, desaparecidas ahora, y es que no tengo ningún reparo en confesar que muchas veces compraba el disco por la portada.


El caso es que desde esa fecha hacer la limpieza del salón me dura todo un día a magnis itinéribus (frase recuerdo de mi latin de bachillerato y que no es otra cosa que marchas forzadas, verdadera arma de guerra de las legiones de Julio César…. perdón, continuo con el relato), como decía, no quiero emplear más tiempo del estrictamente necesario, pues aunque me encuentro muy a gusto con mi nostalgia no quiero que se me pase un pelo (la nostalgia, quiero decir), y prefiero recordar pero con precaución, sin hacer cálculos.


Me encanta esa foto en la que nos disfrazamos en Peñíscola de gente del lugar de primeros de siglo XX, estuvimos prácticamente una hora desde que empezamos a probarnos los trajes hasta que finalmente nos hicieron la foto, todo eran risas, un poco animadas por la comida y bebida precedentes, pero el resultado fue genial, imposible no pararse a recordar ese momento, pero alto ahí, nada de calcular años ni meses ni días transcurridos.


Los álbunes de fotos son una pasada, antes había que ahorrar con las fotos, no como ahora en que fácilmente podemos hacer mil fotos al día, el carrete tenía un máximo de 36 exposiciones, y se trataba siempre de ver la fórmula para sacar un par de ellas más.


Con esas limitaciones no quedaba más remedio que apuntar bien, y creo que el resultado estaba a la vista, pero era imposible que esas personas que aparecían ahí fuéramos realmente nosotros, mi mamá con 55 años que, a pesar de tener menos años que yo tengo ahora, la sigo viendo como una persona mayor, entonces, si yo la veía mayor y tiene menos años que yo, ¿yo que soy????, ¡qué cosas!, mejor no pensar.


Esas fotos de reuniones familiares de años atrás en donde estábamos súper jóvenes, inconscientes de todo lo que nos vendría después, ¿y qué nos vendrá encima desde ahora que estoy viendo estas fotos?, ¡¡¡¡madre mía qué angustia!!!!.


Me gusta la foto de la boda de mis suegros, hace poco que el último testigo vivo murió.


En esa foto era perfectamente visible el tío Anselmo, una gran persona, extraordinariamente cariñoso con todos, solícito y servicial, que trabajó en una gestoría hasta la jubilación. Siempre tuvo la idea de comprar una casa de campo para cultivar en su huerta y poder dar paseos por el campo tanto al amanecer como al final de la tarde, de hecho la compró ya cerca de la jubilación, y no había fin de semana que, salvo imprevistos u otros planes, no fueran allí.


Por una extraña razón se enturbió su sentido, pero parece que estaba relacionado con su miedo a morir, y ya jubilado, nada más salir el Sol salía de casa con su mochila, su agua y bocata para el camino, para no aparecer hasta ya avanzada la tarde para cenar, acostarse y recuperar fuerzas para la nueva caminata del día siguiente. Era su forma de combatir esa angustia. Todo esto pudo hacerlo mientras vivió su mujer, porque cuando falleció no supo aceptarlo, suicidándose en el pantano en donde entró por su propio pie paso a paso.


Parece que la locura del tío Anselmo se centraba más en lo no hecho en la vida, más que en el propio miedo a dejar de existir. Su teoría era que la vida era algo así como una película, y argumentaba que había que hacer todo lo posible por aparecer en esa película, si no de protagonista al menos sí de ese personaje que pase por detrás sin que nadie reparemos en él, pero que ya sólo por ese pequeño instante viviría para siempre.


Realmente la vida había sido generosa con él, era bueno en su trabajo, querido por compañeros y clientes, y realmente era consciente de que le querían y él a su vez a ellos también, pero en su cabeza siempre tenía el run run de que tenía que hacer algo más, obviamente algo extraordinario por el que fuera recordado por todos para bien, y no paraba de dar vueltas acusándose injustamente de que no valía para nada, que no sabía hacer nada, que era un ignorante, un patán a quien se le estaba pasando el tiempo sin que viera ninguna posibilidad de salir en esa película de la vida, pero curiosamente tampoco hizo nada concreto para destacar y a su vez aparecer en esa tan repetida película.


Por eso su nivel de frustración siempre fue muy alto, de joven compró una guitarra con la idea de reproducir esas virguerías que veía hacer, pero fue incapaz de afinar las cuerdas, y en vez de insistir e insistir hasta que diera con ello, decidió aparcarla al fondo del armario.


Le encantaba la arqueología y la historia, consiguió acabar el acceso a la Universidad, pero una vez llegado ahí fue incapaz de seguir estudiando, pues argumentaba que el esfuerzo que tenía que hacer le imposibilitaba compaginarlo con su trabajo.


Estaba muy satisfecho con el libro que había empezado y leído a toda la familia, todos le habían aportado ideas y puntos de vista, documentación, pero igual que le vino la fiebre del libro, se le fue.


Cada vez que nos reunimos la familia a comer solemos sacar las fotos antiguas, esas en sepia o blanco y negro, y casi siempre paramos un largo rato hablando con las fotos del tío Anselmo en la mano, un muchachote guapo cuyo miedo a morir, o a no aparecer en la película de la vida como él decía, le cegó para vivir sus propia existencia.


Parece mentira lo que he escrito para llegar al último párrafo, que es el que quería destacar de alguna manera, y que me lleva a las siguientes reflexiones:


  • Salgamos de nuestra zona de confort, es evidente que el tío Anselmo nunca lo hizo.
  • Hay tiempo para todo, el sentirnos vivos ya es suficiente, pero una vez que has iniciado algo: acábalo.
  • Inténtalo, sólo puedes perder, y en este supuesto nos quedaríamos como estábamos.
  • Esforcémonos por lo que queremos, hagamos lo necesario para lograr nuestro más ferviente deseo, y acabaremos por conseguirlo.
  • El secreto de la felicidad no está en no esforzarse por el placer, sino encontrar el placer en el esfuerzo.



viernes, 15 de abril de 2016

3er Cross Popular "Parque de Las Contiendas", Valladolid

Celebrado el domingo 6 de octubre de 2013, a las 10'45 horas.


He aquí el cartel anunciador de la carrera.

Muy resumidamente decir que se trata de un cross popular con continuas subidas y bajadas a lo largo del Parque de Las Contiendas, situado en un pequeño cerro en Valladolid,  totalizando un recorrido de 10 kilómetros.

Suelo entrenar al menos un día de la semana en este lugar, y tenía a mi favor que conocía el terreno, pero a pesar de todo mi tiempo no fue nada bueno: 58:27 minutos, pero confieso que esto cada vez me preocupa menos y le doy más importancia al hecho de participar y disfrutar del acontecimiento en sí.

Digamos que me lo tomo como una forma de entrenamiento más colorido que habitualmente.



Fui sólo, al final no encontré a ningún compañero que me acompañara, mi dorsal es el 150 y voy con mi vestimenta azul tradicional.

He pillado una serie de fotos, protegidas todas, pero como son para mí no me importa, el recuerdo me lo llevo igual.






Acabo con vídeo de la carrera que he pillado por YouTube, concretamente corresponde a la cuesta más pronunciada (aparezco en el minuto 9:18), y una panorámica final del Parque de las Contiendas:











Un cuento de muros

Por alguna extraña razón he tomado como referente para este relato el espíritu de las diferentes novelas de mi admirado Pablo Coello, y digo lo de la extraña razón porque en realidad no encuentro más similitudes que la posible fantasía y buena intención empleados. Ahí va, espero que al menos os haga reir:


Hace mucho, mucho mucho tiempo, y un un lugar muy muy muy lejano, había una vez un muy muy muy pequeño país, tan pequeño que sólo tenía dos pueblos, Felices del Monte y Felices del Campo, según estuvieran más arriba o abajo de la única montaña que tenían.


Este país era gobernado por un muy muy muy pequeño rey, muy muy muy viejo, que procuró la mayor, mayor, mayor, mayor prosperidad para sus pueblos, pueblos, pueblos….perdón, ubicando en cada uno de ellos aquellas industrias que consideraba mejor en función del sitio, y que casi siempre, por alguna extraña casualidad, recaia en Felices del Monte, que no hacía más que aumentar riqueza y tamaño por los emigrantes del pueblo de abajo, Felices del Campo, puesto que ahí no tenían más que... campo, campo, campo…., como indica su topónimo, para cultivar, lo que provocaba las quejas de este último pueblo, que no paraba de menguar y empobrecerse, a pesar de la existencia de un fondo de compensación territorial que hacía lo que podía, pues la influencia de la zona más rica era implacable sobre ese reparto.


Cuando falleció este rey, como quiera que no tuvo descendencia, entregó el poder a los propios habitantes, que a partir de entonces pasaron a llamarse “el pueblo”, que enseguida se puso manos a la obra. Primero organizaron los territorios. Los dos pueblos eran muy orgullosos, y los dos se formalizaron como si fueran países asociados. Como hemos dicho en párrafo precedente, el antiguo rey había previsto un sistema de compensación entre los dos pueblos para compensar al pueblo más pobre por la  diferencia en tratamiento económico que tenía, y esto motivó las desavenencias del gobierno que se organizó en el pueblo rico, que no estaba por la labor de seguir regalando según ellos el dinero, así que pensaron que la mejor opción sería independizarse, abandonando a su suerte a ese pueblo lleno de palurdos que era Felices del Campo, empezando a emitir moneda propia, creando una lengua nueva, historia nueva, bandera nueva, nueva…., nueva…., nueva…… como si nunca hubieran estado juntos, juntos, juntos…..


Aaaaaah la lengua, eso sí que fué una gran oportunidad para el flamante nuevo jefe del recién creado país de Felices del Monte, ¿qué cómo se llamaba esa lengua?, pues lo diré: el rockerío. Sí así se llamaba ese nuevo idioma, pero no porque estuviese ligado con esa música endiablada a quien todo el mundo la define como rock’n¡roll, sino por el nombre del antedicho nuevo y flamante jefe del recién creado nuevo país: Roque Ramírez, quien desde pequeño tuvo un especial problema con la pronunciación correcta de determinadas palabras, siendo motivo de cachondeo continuo entre sus amigos, que le llamaban tal y como él pronunciaba Joke Jamírez, y de ahí los consiguientes chistes, que si el jabo del pejo de san Joke y otros sintagmas que omitiremos para no alargar demasiado esta aventura. Sea como fuere, había conseguido su gran sueño, no que él hablara como lo hacían todos, sino a la inversa, que todos hablaban a su manera, lo que le convertía en el mejor, número uno y referente de la nueva lengua. Jamás pensó que llegaría a ello, su venganza estaba cumplida.


A lo que íbamos, retomemos el curso de este cuento. El caso es que sucedió que un día, de la noche a la mañana, un muro apareció a mitad camino entre dos pueblos, separándolos ahora físicamente, nadie podía fijar hora aproximada en que ocurrió ese evento, se conoce que les pilló con el sueño cambiado, y si hubo ruido, nadie lo oyó, pero todos tenían claro que había sido durante la noche porque todos se habían acostado en domingo, siendo al levantarse del día siguiente, lunes obviamente, cuando vieron lo que en un principio parecía niebla, algo típico en esos lugares por esas fechas del año, comprobando al acercarse que realmente no era lo que parecía, pero sí que era lo que veían: un señor muro que abarcaba todo el horizonte, y la altura de al menos tres hombres de talla XL.


Se trataba de una construcción sólida de granito, tipo murallas de aquella grande y mítica ciudad que no fue ganada en una hora.


Desde ambos pueblos y para estudiar la situación, a eso de mitad mañana, una vez bien lavados y desayunados, se dirigieron con sus mejores galas al camino, ahora cortado, reuniéndose al uno y al otro lado los mandatarios, fuerzas públicas y otras gentes de bien, o al menos así se le supone, consensuando cada uno por separado que debían nombrar un Comité de Crisis que estudiara la situación, para lo que se creó la oportuna Comisión, si bien todavía estaba pendiente de formalizar en tanto se ponían de acuerdo quienes serían los integrantes de esa Comisión, pues la oposición entendía que el partido ahora dirigente no podía tener derecho a voto puesto que había sido durante su mandato cuando había aparecido el muro, y por tanto era corresponsable por no haberlo previsto. Todo ello con el voto en contra del partido en el gobierno, que por apoyarse en una minoría (llamado a su vez también Partido Minoritario), ahora reacia mientras estudiaba posibles beneficios que podía aportarle esta nueva situación, no contaba con los suficientes votos.


Esta oposición entendía que debían de ser ellos quienes gestionaran la crisis, para lo que empezaron una serie de contactos bilaterales, trilaterales, tetralaterales, pentalaterales y más entre unas fuerzas y otras en donde entraron en juego posibles pactos, posibles contrapartidas, cesiones y un largo etcétera, que no hacían otra cosa más que alargar y alargar y alargar en el tiempo la posible solución.


La prensa y las emisoras de radio no hacían más que hablar, hablar y hablar sobre este extraño caso:


  • ¿Quién había hecho el muro?, seguro que los del pueblo de al lado, pero la intervención humana era imposible en tan poco espacio de tiempo (escasas horas de la noche del domingo al lunes).
  • ¿Habrían contacto con extraterrestres para hacerlo?.
  • ¿Acaso un castigo divino por las continuas pullas entre ambos pueblos?.
  • ¿Quién lo hubiera hecho qué pretendía?, ¿protegerles de un mal, aislarles por ser el pueblo elegido por no se sabe quien en base a sus méritos?, y si esto era así ¿qué mal era del que les querían proteger y qué méritos eran esos por los que le habían elegido?.
  • Para Felices del Campo estaba claro que era una maniobra de Felices del Monte en su afán por separarse.
  • Para Felices del Monte era una prueba más de su identidad diferente.


Mientras tanto la vida en ambos pueblos seguía, pasando de una cierta alegría por la novedad del muro, lo que originó una serie de eventos festivos, a una cierta intranquilidad, pues veían que la actividad económica y social se deterioraba, porque con independencia de las discrepancias entre los dos pueblos, lo cierto es que ambos sabían que sus economías eran complementarias, amén de vínculos familiares y gente que trabajaba en alguno de los pueblos pero que pernoctaba en el otro, y a pesar de los continuos piques y desavenencias entre los habitantes de uno y otro pueblo, algo habitual entre vecinos, lo cierto es que había una buena camaradería competitiva, y la falta de materias primas y paralización de la economía en general, empezaba a ocasionar los oportunos efectos secundarios.


Uno de esos efectos secundarios afectaba directamente a Felícito, de Felicitos del Monte, enamorado hasta las trancas de Felicitá, de Felícitos del Campo, quienes antes del muro todos los días se veían a mitad camino entre los dos pueblos de donde salían con la excusa de hacer running, pasando inmediatamente a otra actividad nada más verse, en la que no entraré en detalle, lo que sí aclararé es que eso de hacer running no es otra cosa que lo que siempre hemos entendido por correr.


Desde el nacimiento de la aparición del muro esta pareja ya sólo podía efectuar la primera de las actividades, es decir: correr, y por motivos obvios no se veían, aunque ambos notaran su presencia al uno y otro lado.


La comunicación a gritos la descartaron desde el primer momento, porque querían seguir disfrutando de la intimidad de sus relaciones secretas, y obviamente a gritos dejaban de ser íntimas, y secretas.


Pues sucedió que este Felícito, harto de esperar alguna actuación por parte de la clase dirigente a pesar del tiempo transcurrido, decidió por su cuenta llevar cuerda y ganchos para encontrarse físicamente con su amada. Así que cuando llegó al muro, más o menos por donde él calculaba se encontraba el lugar donde holgaba con Felicitá, ató uno de los ganchos al extremo de la cuerda, empezó a dar vueltas y vueltas al gancho para lanzarlo decididamente a lo alto del muro, escalando una vez que enganchó, y llegado a la parte superior sólo tuvo que enganchar del otro lado para descender por la parte contraria, en donde ya le estaba esperando Felicitá, había que recuperar el tiempo perdido, y con tanta actividad se quedaron dormidos inmediatamente después.


Como quiera que era noche cerrada cuando despertaron, Felicitá le rogó que viniera a su casa, hicieran públicas sus relaciones y de paso contara cuál era el ánimo en Felices del Monte, que como podéis imaginar no iba a la zaga del de Felices del Campo, pues si bien las clases dirigentes estaban encantadas con sus discusiones, pues veían que podían sacar tajada, la clase obrera estaba un poco hasta las pelotas.


El caso es que mientras cenaban la voz se corrió, todos los vecinos se pusieron contentos y preguntaron cómo lo había conseguido saltar el muro, alabando su iniciativa, creándose un tumulto entre los habitantes de ese pueblo que como digo ya estaba harto de su clase dirigente, optando por prescindir de las deliveraciones de ese nefasto grupo y pasar directamente a la acción.


Tarea a la que se pusieron inmediatamente a la mañana siguiente bajo las sabias indicaciones de Felícito, reuniendo los mejores picapedreros del entorno y mozos más fuertes, pues se trataba de crear un hueco en el muro por donde poder pasar. Se pusieron manos a la obra y era tal su ímpetu y ganas de acabar ese aislamiento, que por la tarde ya habían hecho dos agujeros, uno en cada sentido del camino, y con las piedras que retiraron crearon un arco del triunfo adosado al muro, conmemoriativo de la gesta, entre gran algarabía de todos.


Al día siguiente, en lo que respecta al pueblo llano de ambos pueblos, ya estaba resuelta la crisis, los dos olvidaron sus ínfulas y desencuentros, y pudieron iniciar sus intercambios como hasta el fatídico momento.


Bueno, tanto el horadar el muro como la creación del arco del triunfo fueron multadas por las partes dirigentes de ambos pueblos, pues se habían hecho sin haber contado con el oportuno estudio de arquitecto o ingeniero, a la par de no haber pagado las tasas correspondientes (obra, urbanismo, etcétera) bajo apercibimiento de bloquear nuevamente el muro, algo de lo que tuvieron que desistir pues se acercaban elecciones y ninguno quería aparecer como el malo, aunque curiosamente todos se atribuían el mérito de la apertura, en el que no tuvieron arte ni parte.


Felícito y Felicitá se casaron, y tanto a la ceremonia como al banquete fueron los dos pueblos (excepto las clases dirigentes que aún estaban enfrascadas en discusiones por posibles irregularidades en la horadación del muro, medidas a adoptar para que no volviera a pasar, responsabilidades de la crisis, puf!!!, un no acabar de temas), y fueron felices hasta el fin de sus días.


Y ya está, se acabó el cuento.


Perdón, ¿cómo dices?, ¿cómo que se acabó el cuento?, ¿y la moraleja???.


¿Ah, que falta la moraleja?, bien pues ahí va.


Con independencia de la referencia a Julieta y Romeo y el consiguiente poder del amor, decir que los verdaderos muros, más allá de los físicos, están en nosotros mismos (todos somos iguales), y únicamente pueden superarse cuando hay verdadera voluntad (esfuerzo y sacrificio), siendo sus soluciones, las más de las veces, simples (tanta reunión, tanta reunión, ¿para qué?).


lunes, 4 de abril de 2016

Mi operación de hernia inguinal izquierda

Acerca de los diferentes estados de tensión que puede sufrir el paciente a quien se le va a operar de hernia inguinal, así como otras generalidades de menor calado.

Estaba citado para operarme a las 13:00 horas del miércoles 9 de marzo del 2016 en el Hospital Universitario Rio Hortega.

No debía tomar nada de alimento, ni agua tan siquiera, desde las 8:00 horas de la mañana.

El despertador sonó como todas las mañanas a las 7:30 horas, y contrariamente a lo que suponía, estaba relajado y tranquilo.

Preparé un poco más de desayuno que habitualmente, y para mi sorpresa me encontraba en una especie de nube, ni puse la radio ni música ni nada, sólo escuchar los ruidos de la calle y de mi entorno cercano: una ducha, las puertas de un armario que se golpean, el despertador del vecino con esa melodía machacona….

El desayuno me supo como nunca y sentarme en el estómago aún mejor, y fue ahí en ese punto cuando tomé conciencia del día que era, lo que me esperaba y la tarea que había comprometido hacer antes de salir, la comida una de ellas, y realmente no es lo mismo cocinar a su hora que a las nueve de la mañana, diríase que la zona del cerebro que se ocupa de esa misión de cocinar estuviera descansando tranquilamente hasta la hora en que habitualmente lo hace, generalmente a partir de las 13:00 horas.

Sea como fuere, poco antes de las 12 de la mañana ya había acabado con mi lista de tareas (me había negado en última instancia a efectuar una hoja a modo de testamento), entre el que se encontraba un aseo personal a fondo, nada de la ducha mañanera habitual (mojarse, enjabonarse, aclararse, secarse de forma automática) sino una ducha como Dios manda, con su posterior crema hidratante (extraordinaria excusa para masajear el cuerpo), y una ligera lluvia de una colonia especial, bouquet de 1998 (aún tiene el precio en pesetas -me costó un huevo-), que increíblemente a pesar del tiempo transcurrido no sólo no ha perdido su aroma, sino que incluso le ha mejorado (cosas veredes amigo Sancho).

Menos mal que se me ocurrió preguntar, porque cuando llevábamos 15 minutos esperando al autobús me da por mirar en el panel y veo que no había ninguno al  hospital, algo debió salir por mi boca, porque inmediatamente un par de amables personas que estaban a mi lado me dijeron que era en la parada de enfrente, y que si me daba prisa todavía podía cogerle porque estaba a punto de salir, así que después de darles amablemente las gracias salimos disparados (iba con mi mujer) llegando justo a tiempo, no hubo necesidad de hacer ningún número especial como llamar la atención del conductor de alguna manera para que no saliera, o golpear el autobús, o colocarse delante para que tuviera que parar por narices, o pasara por encima, opción que mi mente tenía descartada.

Lo cierto es que llegamos rápido, no eran las 13:00 horas cuando ya habíamos pasado por el Servicio de Atención al Paciente y nos habían conducido a la habitación, ahí me entregaron el pijama abierto a la espalda, bata y toallas, las zapatillas las llevaba de casa, y además me entregaron un frasco con un líquido marroncillo para que me duchara y me lo aplicara por todo el cuerpo, pero principalmente a la parte que se supone sería más afectada. Ese fue mi primer momento de debilidad.

No habrían transcurrido más de cinco minutos desde que salí de la ducha cuando se presentó “el barbero”, persona que amablemente depilaría toda la zona y algo más, desde el ombligo para abajo, y cuya visión fue la causa de mi segundo momento de debilidad, no, no era una continuidad del primero, era otro distinto, sólo en parte acallado por su entretenida conversación, se le veía persona que conocía perfectamente estos momentos y sabía empatizar claramente con el paciente (un servidor), despidiéndose con un taurino “suerte, maestro”, cuyo efecto fue contrario al deseado, pues al poco pasaron para tomarme la temperatura y la tensión y la tenía disparada (13 - 9).

No hay mejor tranquilizante que un libro, aunque el que tenía en la mano no me estaba gustando nada (¿o sería quizás por el lugar y momento en donde estaba?), así que me sumergí en su lectura, con pequeños descansos para hablar con el vecino de habitación y sus familiares, y realmente estaba bastante tranquilo (había mirado el reloj y calculaba que hasta dentro de una hora no vendría nadie), cuando entró una auxiliar pronunciando en alto mi nombre con una sonrisa.

Mi tercer momento de debilidad. Pedí que por favor me dejara hacer un pis. Calculé distintas posibilidades de escaparme a la carrera, pero me daba cuenta que estaba desnudo (bueno, con ese pijama abierto a la espalda) y además mis piernas, esas que me han conducido firmemente durante maratones y maratones, me habían traicionado, negándose incluso a caminar.

Me tumbé en la cama con la mayor dignidad que pude, fue el momento en que mi mente me recordó el plan establecido, ¿acaso no llevaba ya tres años de yoga con su correspondientes sistemas de concentración y relajación?, pero pronto me di cuenta que lo que tenía aprendido sólo estaba preparado para situaciones en que la mente y el cuerpo están más o menos en sintonía, para estas crisis seguro que hay otros ejercicios a los que nunca accedí, esto o bien es que no había sido lo bastante aplicado.

Conforme íbamos recorriendo pasillos y ascensores en dirección al quirófano mi cuerpo empezó a temblar, estaba literalmente helado, aunque la temperatura ambiente seguía siendo la misma, o al menos eso me aseguraba alegremente la auxiliar que me transportaba (parece que este síntoma es una variante del ataque de pánico), al que no contribuyó en nada el anuncio que oí a través de los altavoces respecto a una operación procedente de urgencias que entraba en ese momento, obviamente y entre temblores me revolví y dije que yo no era ese que anunciaban, que era el de la hernia, contestándome, mientras me ponían una vía de suero y colocaban una manta de calor por encima, que podía estar tranquilo, que el de urgencias iba para la otra sala, y ya fuera por esta noticia, por la manta de calor, o el efecto de lo que hubieran puesto en la vía, el caso es que empecé a encontrarme un tanto adormilado,  y entre nubes oi: …. te vamos a colocar al lado de la mesa del quirófano, levanta un poco el culo para colocarte ahí …. así, muy bien …. ahora siéntate así de medio lado…. abrázame …. le abrazé …. saca un poco más el culo…. le saqué… noté un pinchazo en la espalda, que ya me imaginaba yo algo así, y automáticamente dejé de sentir las piernas ….. y sin esperar a mucho más, me quedé dormido.

El despertar fue en la sala contigua al quirófano en donde estaríamos otras cuatro personas más, las piernas todavía dormidas, no me gustaba nada estar así, creo que se pasaron con la dosis pues hasta casi dos horas más tarde no empecé a menearlas suavemente, subiéndome a la habitación justo en ese momento.

A la salida de la sala estaba mi familia, y fue como cuando se traspasa la línea de meta, todo parabienes y enhorabuenas, y tuvo el efecto de cambiar mi estado de ánimo, empezando a bromear no sólo con el “no siento las piernas”, sino también con el recuerdo que me producía el recorrer los mismos pasillos y ascensores testigos de mi viaje al quirófano.

Una vez en la habitación el enfermero me informó sobre la necesidad de hacer lo posible por orinar y así eliminar la anestesia, tarea a la que me dediqué en cuerpo y alma nada más quedarme sólo. Horroroso, no podía mear, tampoco tenía ganas, pero veía que tenía una pequeña bola sintomática de que estaba lleno. Me pusiera en la postura que me pusiera el resultado era siempre el mismo, como mucho un par de gotas, pero de mear nada, así que en contra de mi voluntad no me quedó otra que apretar el botón rojo (volamos hacia Moscú, Stanley Kubrick, Peter Sellers). Rápidamente se presentó una enfermera a la que trasladé mi preocupación: no tenía ganas de mear, de hecho no lo hacía, y sin embargo sí podía verse claramente un pequeño bulto por la retención de orina, que incluso llegaba a doler cuando se le apretaba un poco. El veredicto fue fulminante e inequívoco y desencadenante de un nuevo momento de debilidad: había que sondar.

Al poco vinieron tres enfermeras con diversa herramienta, una me localizó el pito que se había escurrido astutamente, otra enfermera ayudaba a la tercera, que al parecer estaba en prácticas, algo que no me tranquilizó nada, le indicaba cómo tenía que sacar los tubos para que no se contaminaran, lubricarlos, y finalmente cómo había de meterlo …. ahora coges el pito con la izquierda, tomas el tubo por la parte superior e introduces con cuidado, pero con decisión ….. no fué doloroso, que lo fué, principalmente fue desagradable, el caso es que al poco empezó a salir todo el líquido retenido, prácticamente hasta el medio litro, es decir, estaba a tope. No me mareé ni nada, pero las enfermeras estaban convencidas que lo iba a hacer de un momento a otro, de hecho estaban mirándome a la espera de alguna reacción, y como quiera que no se produjo y el único chiste que se ocurrió era bastante malo, al final optaron por largarse situándome a corta distancia el mando de llamada por si tenía alguna urgencia.

No me podía menear a la izquierda porque tenía la vía intravenosa, y tampoco a la derecha por la sonda, sólo podía estar boca arriba o un poco ladeado para cualquiera de las partes, así que dada la situación y la hora decidí dar una oportunidad a mis conocimientos de Yoga para relajarme, y sea por esto o por los analgésicos que intuyo iban por vía intravenosa, el caso es que dormí profundamente.

Al día siguiente me encontré con un amigo que trabaja en el hospital y al que no había querido molestar, y me informó que precisamente uno de los efectos secundarios de la epidural, al inmovilizar las funciones de la cintura para abajo, era precisamente la dificultad en la micción, que era algo relativamente habitual, problema al que se había añadido mi pequeño problema de hiperplasia benigna. Supongo que si no lo dicen así de claro es para evitar poner nervioso al paciente, pero creo que se debiera ser un poco más claro. De todas formas aquí lo dejo expuesto para público conocimiento.

Por fin ya sólo me quedaba un último momento de debilidad, la retirada de la sonda, efectuada por la misma enfermera en prácticas que la puso y que, antes de hacerme una idea de lo que podía pasar,  optó por el ya mencionado método de “hacerlo con cuidado, pero con decisión”, algo que le agradecí profundamente, aunque este agradecimiento no suprimió para nada las sensaciones de desagrado y dolor conjuntamente.

No me extiendo más, lo principal ya está dicho, y quede claro que a pesar del tono empleado, ligeramente socarrón pero sin malicia, no siento más que agradecimiento hacia los distintos profesionales que me atendieron.

Me niego a colocar fotografías o vídeos relativos a este tipo de operaciones, prefiero que disfrutéis con este maravilloso tema de Paul McCartney extraído de su primer disco en solitario (McCartney, 1970), aunque creo que estuvo a punto de colarse en el doble LP Blanco de los Beatles.