domingo, 4 de diciembre de 2016

Más reflexiones de Mario Benedetti

Como tales me las han pasado, y yo me lo creo y así lo traslado, pero  no las he visto reflejadas en ninguno de los montones de resultados que nos facilita Google con este título.

De cualquier forma entiendo que son de sentido común, muy razonables, y por eso no está de más el releerlas de vez en cuando.

Espero que os gusten como a mi me gustaron:

Si estás cerca (arriba o abajo) de los 60, tómate unos 10 minutos y léelo, y si tienes otras edades, también.

1. Es hora de usar el dinero que usted ahorró durante toda su vida. Usarlo para usted, no para guardarlo, no para que lo disfruten los que no conocen el sacrificio de haberlo conseguido,  personas que ni siquiera son de la familia: yernos y nueras.

Recuerde que no hay nada más peligroso que un yerno con ideas.
Cuidado: No es época de inversiones por muy maravillosas que parezcan, éstas solo le traerán angustias y este es un momento  para tener mucha paz y tranquilidad.

2. Deje de preocuparse con la situación financiera de sus hijos y sus nietos; no se sienta culpable de gastar su dinero en usted mismo. Probablemente, usted ya les ofreció lo que fue posible en la infancia y juventud, como una buena educación. Ahora por tanto, la responsabilidad es de ellos.

3. Ya no es época de sostener a nadie de su familia; sea un poco egoísta, más no usurero. Tenga una vida saludable, sin grandes esfuerzos físicos. Haga gimnasia moderada y aliméntese bien.

4. Compre siempre lo mejor y más fino, al fin y al cabo es para usted. Recuerde que ahora, un objetivo clave es gastarse el dinero en usted, en sus gustos y caprichos. Después de muerto el dinero solo genera odios y rencores.

5. No debe angustiarse por poca cosa. En la vida todo pasa, sean los buenos momentos que deben ser recordados, sean los malos que deben ser rápidamente olvidados.

6. Independientemente de la edad, mantenga vivo el amor.

7. Esté en todo momento limpio, tome un baño diario; sea vanidoso, frecuente al peluquero, arréglese las uñas, vaya al dermatólogo, al dentista, y use perfumes y cremas con moderación. Ya que ahora usted no es guapísimo, esté por lo menos bien cuidado.

8. Nada de ser muy moderno, intente ser clásico. Es triste ver gente mayor con peinados y atuendos hechos para jovencitos.

9. Lea libros y periódicos, oiga radio, vea buenos programas en la TV, use internet, envíe y responda e-mails, llame a los amigos. Manténgase siempre actualizado.

10. Respete la opinión de los jóvenes a pesar de que a veces pueden estar equivocados.

11. Jamás use la expresión “en mis tiempos”. Recuerde que su tiempo es hoy.

12. No caiga en la tentación de vivir con los hijos o nietos aunque de vez en cuando vaya unos días como invitado. Consiga más bien un ama de llaves que le acompañe y colabore con las tareas del hogar y sólo tome esta decisión cuando no dé más de sí o sienta que el fin está bien próximo.
Puede ser muy divertido convivir con gente de su generación y lo más importante, no le dará trabajo a nadie.

13. Cultive un “hobby”: viajar, caminar, cocinar, leer, bailar, criar un gato, un cachorro, cuidar de plantas, jugar a las cartas, al golf, entrar en Internet, pintar, ser voluntario o coleccionar algo. Haga lo que le gusta y lo que sus recursos le permitan.

14. Acepte todas las invitaciones de bautizos, graduaciones, cumpleaños, casamiento, conferencias. Visite museos, vaya al campo; lo importante es salir de casa por un rato. Pero no se disguste si no lo invitan porque a veces no se puede. Seguramente cuando usted era joven tampoco invitaba a sus padres o familiares mayores a TODO.

15. Hable poco y oiga más.. su vida y su pasado sólo le interesan a usted mismo. Si alguien le pregunta sobre esos asuntos, sea breve y procure hablar de cosas buenas y agradables. Jamás se lamente de algo. Hable en tono bajo y con cortesía. No critique nada, acepte las situaciones tal como son. Todo es pasajero. Recuerde que pronto volverá a su casa y a su rutina.

16. Los dolores y las molestias estarán presentes, no las vuelva más problemáticas de lo que ya son hablando permanentemente de ellas. Trate de minimizarlas. Al final, ellas lo afectan solamente a usted y son problemas suyos y de sus médicos.

17. No permanezca tan apegado a la religión ahora de viejo, rezando e implorando todo el tiempo como un fanático. Lo bueno es que en breve, podrá hacer sus pedidos personalmente.

18. Ría, ría mucho, ría de todo, usted es ha tenido suerte, usted ha tenido una vida, una larga vida, y la muerte será solamente una nueva etapa incierta, así como fue incierta toda su vida.

19. Si alguien le dice que ahora usted no hace nada de importancia, no se preocupe . Lo más importante ya fue hecho: usted y su historia, buena o mala, ya sucedió.

Recuerde lo que dice Mario Benedetti: no te rindas, por favor no, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento. Aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo nuevo, porque ésta es la hora y el mejor momento”.




viernes, 11 de noviembre de 2016

Mi XXVIII Media Maratón de Valladolid 2016



Sinceramente creo que sí iba preparado para hacer la media maratón, aunque sabía que no iba a mejorar ninguna marca anterior, algo que no me preocupaba, únicamente pensaba en hacer la prueba sin más, y como tenía miedo de que a pesar de todo no fuera suficiente, internamente fui ayudándome animando a mi cerebro.





¿Cómo lo hice?. Fueron varios los trucos o procesos. 

Hice un calentamiento profundo, más tiempo del habitual (unos 30 minutos aproximadamente), sincronizando cada ejercicio con la respiración consciente y mente en positivo.

Como llegué media hora antes a la carrera, inmediatamente me puse en donde entendía se situaría el final de la cola de salida, y continué con la misma preparación anterior.

En algún libro leí que a la mente puede engañarsela mediante pequeños trucos, y por el motivo que sea me acordé del libro que acaba de leer: "la magia del orden", en donde la autora, además de exponer sus principios de organización, habla también de la relación que ella tiene con sus propios objetos, ropa o lo que fuera, me explico.

Esta mujer dice que cuando llega de la calle se quita la ropa, la dobla y la agradece mentalmente el servicio que le ha prestado. Este tipo de diálogo lo hace también con otros objetos de la casa según el caso, siempre estableciendo un conversación interna de agradecimiento.

¿Cómo aplico esto a la carrera?. 

Pues me vino directamente a la cabeza cuando llegué al kilómetro cinco, agradecí a este kilómetro que hubiera estado ahí y que fuera el designado para situarse el servicio de agua.

Y desde ese momento empecé un diálogo entre mi cuerpo, mi mente y un servidor, que digamos era el coordinador. Así que establecí un diálogo que fue más o menos así:

"Atención, cuerpo, hemos tomado agua, poca para evitar mearnos pero entiendo que suficiente para abastecer las necesidades vitales.  El GPS del reloj me dice que vamos a una velocidad media de 5:30 minutos al kilómetro, ¿podemos mantenerlo o vamos a la zaga de algún corredor que lleve un ritmo más lento?.  Mente, la respiración es rítmica, el martilleo de los pasos igual, los brazos van en sintonía y no hay molestias aparentes, ¡confírmamelo, por favor!.  Atención todos, vamos a rebasar el kilómetro siete, agradezcámosle que hemos llegado y que estamos aún con fuerza: ¡Hola, kilómetro siete!, gracias por estar ahí brindándonos tu apoyo, saludaremos de tu parte al kilómetro ocho".

... y así sucesivamente hasta la Meta.

¡Vaya tontería!, dirán muchos, otros pensarán ¡creo que vamos a tener que internarle!, y quizás otros pregunten directamente: ¿de donde has sacado esta bobada?.

Pues bien, mira por donde, días después de haber terminado esta prueba, encontré casualmente una breve referencia en un periódico de tirada nacional a un tal Sakyong Jamgon Mipham Rinpoch, y no os podéis hacer una idea la alegría que me entró en el cuerpo, porque pude comprobar que mi proceso mental no era nada raro, que ya había otra gente que lo hacía, que había llegado a este estado, y que incluso sus métodos los tenían más perfeccionados.

Sobre su nombre he puesto un enlace a un artículo de Runner's World, del 18-04-2013 (más de tres años), titulado Corre con Zen, donde habla precisamente de esto, y que particularmente aconsejo leáis, pues vale incluso para cualquier faceta de nuestra vida.

Como veis, por muy raros que sean nuestros pensamientos, reacciones o formas de pensar, siempre hay alguien que los ha tenido antes.




















jueves, 16 de junio de 2016

Charlatanoscopia

Capítulo I - La forja de un carácter


No había habitante en el pueblo y alrededores que no conociera la tozudez de Genaro, era algo enfermizo, diríase casi cercano a lo que hoy denominan T.O.C., o sea, un trastorno obsesivo-compulsivo, casi tan grave como la manía que hay ahora de nombrar cualquier cosa por su acrónimo: ¡alcánzame las T.P.G., por favor! (tijeras para podar grandes), o bien ¡camarero, póngame un C.S.H.! (café sólo con hielo).


No se sabe quién fue el introductor de esta moda, quizás lo fuera la serie televisiva del Doctor House, o ¿fué C.S.I. Las Vegas?, en cualquier caso da igual, sigamos con el cuento.


Todo comenzó hace muchos años en una fría mañana de octubre, domingo para más señas. El mercado del pueblo estaba hasta arriba, un señor subido a una silla gritaba con una rapidez endiablada el producto que promocionaba.


Genaro se había quedado abobado, arrobado, alucinado, citado señor era de una locuazidad imposible, ¿cómo podía hablar tan deprisa?, ¿cómo podía hacerlo tan rápido?, si no dejaba tiempo a escuchar, o a pensar, el cerebro se embotaba de tal forma que provocaba una especie de catarsis, de orgasmo colectivo.


El producto que vendía éste no era ni más ni menos que un pelapatatas, pero por el mismo precio añadía una caja grande de mixtos de madera recién importado de los EEUU, y además y por el mismo precio, el último invento en escritura: un bolígrafo marca BIC, comprados directamente en Francia por este mismo señor.


Fue este último objeto el que le obnubiló. Nada más ni nada menos que un “bolígrafo”, la gran revolución de la escritura por aquellos años, y traído además directamente de Francia, ¡guau!.


Genaro era muy ahorrador, de hecho no gastaba prácticamente nada de la asignación que le daban sus padres cada domingo (los días de fiesta no contaban), y no dudó en dirigirse a ese hablador rápido solicitándole una pequeña rebaja porque no tenía la totalidad del importe, lo que le importaba era el bolígrafo, el resto no lo quería para nada, así que el citado señor se sacrificó, dicho sea entrecomillas, y por el importe que le ofrecía Genaro le entregó únicamente el bolígrafo, negocio redondo para el señor, y satisfacción para él.


Poco duraría la alegría.


Genaro tuvo la inspiración de probarlo en varios periódicos atrasados, que quedaron magníficamente decorados con los adornos efectuados con ese invento traído desde más allá de los Pirineos, y aunque él estaba muy satisfecho, no lo estaba tanto el responsable del Casino del pueblo a quien pertenecían esos periódicos y revistas,  lo que motivó la iniciación de Genaro en las carreras de velocidad, perseguido muy de cerca por citado responsable, cuyas intenciones variaban del tirón de orejas al mosquilón, si bien tuvo que aplazarlo para otro día, ¡cómo corre el condenado!.


Una vez a salvo Genaro cerró el caparazón del bolígrafo y se lo puso en el bolsillo superior de la camisa de los domingos, y así de contento salió a dar una vuelta hasta llegar a comer a la casa de sus padres, a quienes tenía previsto hacer una gran demostración de tan mencionado invento.


Pero no, no fue por su habilidad con su adquisición por lo que gritó su madre nada más verle:


  • ¡Pero hijo, qué te ha pasado en la camisa!


y es que la tinta del bolígrafo se había “ido”, dejándola totalmente para la basura, aunque su madre ya estaba pensando en darla otro uso, en casa no se tiraba nada, además siempre le había gustado esa camisa, la verdad es que le caía mejor a ella que a él, pues a escondidas, alguna vez ya se la había puesto en alguna celebración: ¡huy, si me he puesto la camisa de Genaro!, disimulaba cuando era descubierta.


De nada valieron las reclamaciones a ese señor hablador, en cuanto le vió el siguiente domingo y otros muchos que siguieron más, pues menudo cabezota que era Genaro. El hombre se defendía como podía, decía que para lo que había pagado, pues que qué esperaba…., pero la persistencia de Genaro fué tanta que tuvo que dejar de acudir a la feria de esa plaza y de pueblos alrededor, pues Genaro había tendido una tupida red de informadores por si apareciera por algún lugar cercano a donde desplazarse en bicicleta, para asaltarle, reclamarle, y decirle de paso cuatro frescas.


Desde entonces Genaro desarrolló un resentimiento especial que motivó que canalizara todos sus estudios hacia la gente que se comportaba como aquél hombre infausto, cuyo nombre ignoraba y además no deseaba conocer, algo que empezó a preocupar a su familia, puesto que en su afán investigador había observado las similitudes con el alcalde del pueblo, gran orador, muy pagado de sí mismo, y que aprovechaba cualquier tesitura para demostrarlo, algo que como digo preocupaba a su familia, porque las observaciones de Genaro eran un tanto descaradas, no las disimulaba demasiado, haciendo incluso sentir incómodo al personaje o personajes analizados.


¿Y del señor cura?, ¿qué me dicen del párroco del pueblo?, había algo en su movimiento, algo en los gestos de sus manos, que combinaba rítmicamente con su verbo, tenía grandes similitudes tanto con el alcalde como con ese elemento de ignorado nombre.


Pero no era solamente cuando hablaban en público cuando se les veía actuar así, pareciera incluso que cuando lo hacían con la gente o entre ellos les soltaran pequeños discursos:


  • ¡Oh!, doña Juana, que bella luce hoy con ese sombrero rosa ligeramente ladeado a la izquierda y que a la par combina perfectamente con el color de su tez -decía el alcalde-.


  • ¡Pecadores!, ¿cuántas veces tengo que repetir las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo para que entren en esas cabezas?, ¿no véis que con vuestra actitud no hacéis otra cosa que insistir en el pecado?. Obcecándoos de esta forma, esos pecados graves pudieran convertirse en menores por la fuerza de la costumbre -predicaba desde el púlpitu el señor cura-, lo que sería el principio del fin del mundo.


No escapó de su observación los efectos que producía en la gente, ya fuera el orador el hombre de la feria, el alcalde, o el cura, o quien sea.


La gente pasaba por diversos trances, al principio parecía extasiada, hasta contenta, para ir cambiando conforme pasaba el tiempo o incluso muchas veces según el tema. Unos pareciera que desconectaban, caían en un sopor que difícilmente podían disimular, algo que sí parecía que hicieran otros, perfectamente identificables por sus ojos fijos, sin pestañeo alguno.


A nadie dijo nada Genaro, pero cada vez estaba más convencido que este proceder era, más que el producto de un aprendizaje o característica personal, la consecuencia de un virus contagiado de alguna manera especial y que no afectaba a todo el mundo, sino sólamente a aquellos que cumplían unas condiciones concretas, gente que no habían desarrollado defensas contra esa enfermedad.


Y esto marcó el principio de su vocación e inicio de su investigación.  


El caso es que acabado su bachillerato sus padres le estaban requiriendo para que se decidiera por algún estudio en la capital, pues tenían toda su confianza pues en él, aunque dudaran de tanto en cuando.


  • ¿Seguro que Genaro será el que nos sacará de pobres en este pueblo?, preguntaba el padre a la madre.
  • Estudiar estudia, pero le encuentro un poco “apalominao” desde el incidente de la camisa. - Y es que su madre lo achacaba más a la mancha de la camisa que al objeto en cuestión.
  • ¿Hijo -preguntaba su padre- de verdad que quieres irte a la ciudad a estudiar?, mira que no nos sobran los dineros, y aunque lo que es hambre no vamos a pasar, entre las ovejas, los cerdos, la huerta con los frutales y las cuatro tierras, mal se tendría que dar, pero tampoco es cosa de tirarlos.
  • ¡Que no, padre!, contestaba Genaro, ya le he dicho que mi vocación es la medicina, quiero sanar a todo el mundo de sus enfermedades, sean conscientes de ellas o no, que nadie sufra por ellas, y si ello nos reporta algún beneficio económico, pues bienvenido.


Genaro sabía que sus padres tenían últimamente dudas debido a su comportamiento, así que se ahorró de decir que pensaba dedicarse además a la investigación, principalmente la de ese virus que afectaba de una manera especial a quien lo padecía.


El resultado de las investigaciones las compartía con Mina (de Guillermina), su amiga de toda la vida, curiosamente hija del alcalde, muy espabilada, y que participaba activamente con sus propias investigaciones personales, eran tal para cual, y se verían en el curso siguiente en la Universidad de Medicina, si bien ella, en vez de compartir piso con otras amigas, como parece que haría Genaro, iría a un colegio femenino.


Pero esto ya es cosa del siguiente capítulo:


Capítulo II - ¿Dónde he dejado la maleta?


Resumen de capítulos anteriores


Nuestro héroe, Genaro, fue engañado siendo pequeño por un parlanchín de feria.
Según él esto está provocado por un virus, pues hay otra gente que presenta síntomas similares, decidiendo estudiar medicina para investigar y eliminar ese mal.





jueves, 9 de junio de 2016

El axioma

Primera escena: la reunión


Diez hombres reunidos en un despacho. Una mujer parece acaparar la atención de todo el mundo, rectifico, una mujer habla, el resto parece estar resignado a esta situación, como si la conocieran y supieran que no iba a parar, se la dijera lo que se la dijera.


En un momento en que la mujer paró para beber agua, Doroteo lo aprovechó hábilmente para hacerse con el control de la situación:


  • Sonia, has llegado tarde, has acaparado la reunión, nos estás contando cosas que ya sabemos y no tienen ya ningún interés, y parece que encima tenemos la culpa de todo.
  • ¿ y….?
  • ¡Qué manía con la conjunción copulativa!, pues que faltan sólo cinco minutos para que tengamos que dejar la sala (ahí tienes a Camilo haciendo señas a través del cristal), y desde que llegaste no hemos avanzado nada, así que hazme el favor de decirnos lo que quieras decirnos en la próxima reunión y establezcamos orden del día para la de la próxima semana.
  • ¡Oye, que yo no tengo la culpa de que seáis unos inútiles!.
  • Sabemos que no estamos a tu nivel, por eso te rogaría que te ajustaras al orden establecido, sin divagaciones, … y eso sí, si no vas a llegar a la hora, no entres, por favor.
  • Me sienta muy mal lo que me estas diciendo.
  • Ya vale Sonia, ahora salimos de la sala y por la tarde, después de comer, hago el acta de la reunión con el guión para la próxima, al que ruego te ajustes plenamente.
  • Pues si te pones así y no contáis con nosotros, Intervención se desentiende de este tema, pero que sepáis que vamos a hacer una vigilancia extrema para que nos informéis de cada paso que deis y situación de las imputaciones pendientes.
  • Yo te convocaré, y lo que hagas es asunto tuyo, pero no de Intervención, que entiendo que como departamento tendrá que actuar correctamente, con independencia de tu estado de ánimo. Y ahora dejémoslo ya.


  • ¡Vaya qué olor habéis dejado?, bromeó Camilo, el convocante de la siguiente reunión,  que entró sin esperar a que saliera nadie.


Doroteo se despidió de los componentes de la reunión saliente y saludó a los de la entrante, y tras las bromas rápidas de rigor salió disparado para su mesa de trabajo, casi eran las 13:45 y todavía no había enviado el oportuno correo a la lista “runners” con el texto habitual:  


“nos vemos a las 14:00 horas a la salida del gimnasio, calentamos y empezamos lo más tardar a las 14:20, no os retraseis. Hoy pienso que deberíamos forzar, ¿qué os parece el recorrido de los axiomas?”


Segunda escena: los corredores


Cuando llegó ya había cuatro de sus compañeros calentando a la salida del gimnasio:


  • El último en llegar, como siempre, gritó “El expreso de la Vera” a Doroteo.
  • Venga Doroteo, que me meo, continuó “El rápido del Lago Nes”.
  • Doroteo que te veo, saltó “Nunca calla”.
  • Pues contigo ya somos todos, añadió “El abuelo”, parece que el resto o tiene agujetas o tarea por hacer.
  • Dadme menos de cinco minutos y salimos sin calentar ni nada. Lo hacemos por el camino. Contesta Doroteo.

Tercera escena: la carrera o vivir con el axioma


A esta ruta la llamaban de “los axiomas” por la cantidad de fenómenos que concurrían en su discurrir, desde metereológicos hasta orográficos. Una mente un poco enrevesada diría que había fenómenos de ultratumba: ¿atravesaríamos por lo que antes fue un cementerio?, ¿existirían restos humanos de alguna batalla?.


Como siempre salieron al trote desde la calle de la Tableta en dirección a la pasarela que cruza por encima de la Avenida de la Huerta para atravesar la calle de los Agujeros y torcer a la izquierda por Casillas hasta llegar a la avenida de Chichén Itzá, curiosamente en ese recorrido, a pesar de ser ligeramente cuesta abajo, generalmente solían hacerlo a una velocidad de unos 6 minutos el kilómetros, lo que motivaba el siguiente grito:


“Venga muchachos, vamos tocándonos los huevos”


lo que conllevaba al poco un cambio de ritmo notable, principalmente al entrar en el parque del mismo nombre … quiero decir en el parque de Chichén Itzá, no en el parque de los huevos, aunque pudiera valer en este caso.


Llegado aquí, hubiera el tiempo que hubiera, y aunque ese fenómeno metereólogico se producía en otros lugares, en éste era seña de identidad, y  a pesar de ser un día soleado, se produjo el primer axioma:


“Vayas por donde vayas, el viento te da siempre de cara”, algo inexplicable.


Nada más pasado el parque se cruzaba la Circular para llegar al Campo de los Países, entrar en el Parque de San Carlos por la puerta Sur y llegar al aparcamiento del mismo, en donde se solía producir otro de los axiomas:


“Cuánta más sed tengas, más probabilidades de que esté rota la fuente”, inexplicable.


Desde el aparcamiento se salía por la puerta Norte, siguiente a la que entramos, seguir por Rio Sena, bajar nuevamente a la Circular, coger el Parque de la Ciudad Rosa, hasta llegar por Arequipa hasta la Avenida de la Huerta, y desde ahí subir, subir y subir … que cómo habréis adivinado es otro nuevo axioma:


“Vayas por donde vayas, siempre hay más subidas que bajadas”


combinándose con este otro:


“Si has bajado a 6 minutos, nunca subirás a menos de cinco”, increible.


… y así hasta llegar nuevamente al gimnasio.


  • Misión cumplida, compañeros, doce kilómetros a una media de 4:55 el kilómetro, por debajo de los 5, si nos mantenemos así en la maratón bajamos de las 4 horas sin problemas.


Última escena: ¿qué sería del trabajo sin las reuniones?.


El cortometraje acabaría con Doroteo que vuelve al puesto de trabajo todo mojado de la ducha y con el bocata en la mano, hoy no le ha dado tiempo a comer decentemente:

  • Puta vida, otra reunión, no sé cuando voy a trabajar, hoy lunes, como muy tarde, a las 19:00 me largo para casa, y mañana, Dios dirá.




viernes, 3 de junio de 2016

La margarita Pepita



El tema de la tarde es libre, le comento a mi señora que me dé alguna idea y me contesta, no sé si de verdad o cachondeo: pues habla de Pepita la Margarita, y como quiera que es un personaje no inventado todavía, pues ahí va la siguiente propuesta:


Objetivo
Creación de una colección de cuentos.
Personaje
La margarita Pepita.
Público
Infantil hasta 8 años.
Fin perseguido
  • Promover la contemplación de la naturaleza.
  • Aprendizaje del sosiego personal.
  • Iniciar en la meditación, la relajación y la visualización.


Habitualmente los personajes de los cuentos infantiles suelen ser otros niños o animales que actúan igualmente como niños.


En el presente caso estamos ante un personaje distinto que propone una visión diferente: la de una margarita, una flor que no puede desplazarse como lo hacen los animales o las personas, por lo que la acción tendrá que centrarse en algo que ella pueda contemplar desde su posición.


Los temas principales serían los fenómenos atmosféricos, otros animales, incluso personas que estén haciendo alguna actividad, siempre tratado positivamente, el humor es imprescindible.


Podemos intentar crear un ejemplo:


Título: “Un día en la vida de la margarita Pepita” o “la margarita Pepita y el pintor”.


Acababa de llegar la primavera, los días iban siendo cada vez más largos, y aunque los días eran calurosos, las noches eran frescas, sobre todo el amanecer; aunque esto no quitaba para que de tarde en tarde cayera una tromba de agua que la dejara toda limpia y resplandeciente.


Esa mañana había amanecido fresquita, había desayunado estupendamente, pues el terreno estaba bien regado y era muy rico en nutrientes en general.


Como sabéis las plantas se alimentan a través de las raíces hundiéndose en el suelo buscando aquellas sustancias minerales más acordes a su gusto y necesidad.


Apenas había amanecido cuando vio a lo lejos la figura de un ser humano, por la forma de andar se diría que no era joven, apenas le quedaba pelo, pero el que le quedaba lo tenía blanco y se lo había dejado largo por detrás, y aunque trataba de disimularlo con un gorro de ala ancha, se supone que para evitar la acción del Sol, se veía claramente que en otra época debió tener bastante más pelo. Llevaba una mochila, y colgada a la mochila una especie de artilugios, unos pinchos, una cazuela... Encima llevaba una caja plana.


Estuvo contemplando diversas flores de la campiña, incluso se entretuvo mirando a primas suyas, pero fue cuando llegó a su altura cuando se entretuvo mirándola desde un lado, remirándola desde otro, la sopló suavemente, sacó un pequeño cepillo y la peinó un poco sus pétalos, ¡qué cosquillas!, se alejó y pareció que había quedado contento.


Depositó la mochila en el suelo, procurando no herir a ninguna flor, lo que parecían pinchos se transformó en una silla, y de la caja salió un trípode, donde colocó un cuadro que aparentaba una tela blanca, una paleta y unos tubos de pintura.


Preparó primero la tela pintándola de un sólo color, azul concretamente, la miraba con atención  colocando el pulgar de la mano derecha para arriba para posteriormente seguir aplicando colores en la tela.


Esta operación la hacía de continuo, pero no transcurría una hora sin que bebiera agua o descansase tumbado sobre una manta que había tirado sobre la hierba.


Cuando el Sol estaba en su punto más alto sacó un recipiente, le abrió, y con una especie de tridente pequeño cogía su contenido para introducírselo en una ranura que tenía en la parte superior, ¿que creéis que estaba haciendo?, efectívamente, comiendo, para después de vaciar su contenido volverse a tumbar nuevamente sobre la hierba.


Al poco rato se quedó dormido, y cuando respiraba, parecía que tronaba…. ¡sí, lo habéis adivinado!, estaba roncando.


Cuando despertó retomó con brío la tarea, y pasada media tarde durante la cual había borrado, pintado, reborrado y puesto diferentes caras raras más, pareció plenamente satisfecho, pues emitía una especie de música muy melodiosa, se diría que estaba contento, y finalmente debió de ser así, porque volvió la tela hacia ella y le enseñó lo que había hecho.


¡Qué bonito!, era ella misma, ¡qué guapa había quedado!... ¡qué gracioso es este humano!.


Fin del cuento.

Esto es un pequeño borrador sediento y totalmente abierto a cualquier sugerencia.





jueves, 26 de mayo de 2016

El secreto de Aniceto

Si había alguien en este mundo que pudiese hacer sombra a Juan Sin Miedo, ese era Aniceto.


Que había que salvar a un gato de un árbol: ¡Anicetoooooo!.
Que había que arreglar un roto en un tejado: ¡Anicetoooo!
Que el Orgullo del Pisuerga había quedado sin timón y navegaba sin rumbo: ¡Anicetoooo!.
Que había que mediar en alguna trifulca: ¡Anicetooooo!.


Mucha gente le envidiaba, alegaban que tan sólo era un hombre con suerte porque no había pasado por grandes experiencias personales, como guerras, atentados terroristas, grandes altercados, y no esas pequeñas tontadas en las que intervenía.


Pero nadie sabía que esos actos no eran otra cosa que una reacción para ocultar su verdadero miedo, su horror, la fuente de sus pesadillas, esas que hacían que se levantara repentínamente de la cama para salir corriendo en calzoncillos escalera abajo y no parar hasta sentirse medianamente seguro, esas pesadillas que le desbocaban el corazón, esas que le provocaban enormes sudores que hacian que tuviera que cambiar las sábanas, e incluso de colchón, por estar todas empapadas.


Es obvio que todos tenemos las mismas emociones, si bien cada uno lo experimenta en grados diferentes, pero en el caso de Aniceto, si bien el grado de tolerancia para todos los horrores y miedos era cero, para el de su miedo particular, ese que no quería mencionar, el innombrable,  era prácticamente insoportable.


¡Pero basta ya!,¿cuáles era el miedo que atribulaba a Aniceto?.


Pues bien, ahí va, y guardadme el secreto. Si bien es cierto que tenía auténtico pavor, también era cierto que no podía dejar de verlas, de visionarlas, le provocaba verdaderamente adicción, un terror que se incrementaba por el temor a ser descubierto, lo que provocaba un círculo contínuo, similar al del vértigo.


¿Has dicho verlas, visiionarlas?.


Pues sí, he dicho verlas, visionarlas, y es que la causas de sus pesadillas, de sus terrores nocturnos, de su miedo particular, el inombrable, no era ni más ni menos que las películas de serie B, esas que coleccionaba y cuidaba con el mayor cuidado.


Sí, habéis oido bien, esas pelicuchas, esas producciones cinematográficas de serie B. Lo de la B supongo que será por “bajo presupuesto”.


¿Qué edad tendría cuando empezó a verlas?, sería en torno a los diez años, recordaba con agrado aquella época en que pocos eran los domingos que se escapaban a su rutina: nada más comer Aniceto íba a buscar a cada uno de sus amigos a su domicilio, por aquel entonces el teléfono era un artículo casi de lujo, y una vez reunidos, toda la pandilla salía en alegre camaradería hacia el cine La Rubia, en el barrio del mismo nombre, en donde… por cierto, ¿sabéis de donde viene ese nombre?, no, no era por esa rubia tan estupenda que habitaba en la casa de la esquina de la izquierda, nada de eso, aunque estaría justificado, el nombre venía por las flores que había en el parque que existía por aquella época, se trata de una planta herbácea, trepadora….. bueno, mejor volvemos al cuento.


Como decía iban en camaradería hacia el Cine La Rubia, en donde  por un duro podían ver dos películas en sesión contínua, una casi siempre de vaqueros; pero sin desmerecer a ninguna, las que más le gustaban a Aniceto eran aquellas a las que ahora se llama de serie B.


¿Quién no se acuerda de Fu Manchú?, ese mandarín chino, alto y delgado que siempre aparecía como jefe del alguna extraña banda o secta del mal, cuyos planes eran siempre desbaratados por un investigador inglés de cuyo nombre nadie se acuerda, porque ellos si íban a ver a alguien era a ese chino que les tenía totalmente obnubilados con sus maldades.


¿Qué tensión?, ¿qué momentos?, ¿qué sustos?, ¿qué miedos?, si es que no paraba. Todavía recordaba el final de una película en donde le encerraron en un castillo para matarle y en la siguiente película resulta que le cortan el cuello a uno distinto por él, también alto y con un ligero parecido, y a quien había hipnotizado. Esa noche Aniceto durmió con la almohada encima de la cabeza, ¿no es eso miedo?, estaba totalmente acongojado, ese tío podía obligar a cualquiera a hacer lo que quisiera hipnotizándole.


Todo el mundo sabía quien hacía de ese personaje; Christopher Lee. Por cierto, ¿sabéis que apareció en la carátula del disco de 1973 “Band on the run”, de Paul McCartney y Wings?.


Otro que les gustaba un montón era Vincent Price, la mayor parte de las adaptaciones para la pantalla de las novelas de Edgar Allan Poe estaban protagonizadas por él, y qué risa tenía (no doblada), era impresionante.


Actor que también colaboró en el mundo de la música, es notable su aparición en el primer disco en solitario de Alice Cooper, año 1975, aquel disco conceptual titulado Wellcome to my nightmare (bienvenido a mi pesadilla), ¿no da escalofríos ya el título?; un tema en concreto “The Black Widow” (la viuda negra), está recitado por él, no cantado, y si la narración acongoja, aún más lo hacía la risa final, esa que a pesar del tiempo transcurrido desde que la oyó Aniceto por primera vez aún le ponía la carne de gallina …. the black widow…. Ha ha ha ha ha ….


Ahora por favor, guardenme el secreto, y el de Aniceto, porque en definitiva, ¿quién no ha tenido miedo alguna vez viendo estas películas?.

Ha ha ha ha ha …..