Vaya una mañana perdida en el Juzgado, pues no querían nada más ni nada menos que inhabilitarme. Esta vez les ha salido mal, pero vete a saber la siguiente, porque seguro que la habrá; y todo bajo el pretexto de hablar y tratar con los animales como si fueran personas, si yo estoy convencido que es verdad, ¿porqué no lo voy a hacer?, ¿y a quién le importa si yo no me meto con nadie?. No habrá quien me quite de la cabeza que el espíritu o lo que sea que les da las vida es el mismo que nos la da a nosotros, los humanos, simplemente han tenido otra suerte y están encerrados en otra forma, actuando conforme las posibilidades que les ofrece esa envoltura, y es que no hay más que ver cómo miran o cómo reaccionan, tienen los mismos sentimientos que nosotros.
Pues no te amuela que hay otros que defienden la inmortalidad del alma humana o sencillamente niegan la posibilidad de que tengan una vida distinta a la nuestra tan sólo porque son animales, algo que incluso se negó a las mujeres hasta no hace demasiado tiempo, y es que parece que el más allá sólo podía estar ocupado por hombres, ¡qué aburrimiento!.
Parece que ha sido cosa de mi yerno, tiene prisa por pasar a ser el propietario de mi casa en donde llevan temporalmente unos años (desde que se casó con mi hija), y cambiar la tesitura de tal forma que él pase a ser el propietario y un servidor el familiar acogido de paso, disponiendo además de los caudales que me quedan.
Lo siento por mi hija, pero esto lo arreglo hoy mismo, pues de hecho lo tenemos más que hablado y meditado, hoy sin falta pondré el piso a la venta y delegaré en el mismo abogado tanto su gestión como la de los cuartos, y me trasladaré a vivir a esa residencia en donde, después de más de setenta años, encontré a mi amor adolescente, y así retomarlo justamente en ese punto donde sin planearlo lo dejamos: el final de unas vacaciones maravillosas en el pueblo, que ninguno de los dos ni quisimos ni pudimos olvidar.
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