Una vez que uno llega a la prejubilación automáticamente se convierte para la sociedad en un desecho total. Para rematarlo, dado que el sueldo se queda congelado hasta la fecha real de jubilación final, no puedes trabajar en otra cosa que no sea en B para compensar parcialmente ese nuevo sueldo, bajo penalización de que te quiten lo que estás percibiendo, y no habría mayor satisfacción para la empresa que te paga que el dejar de hacerlo en base a cualquier mínima excusa.
Creo que durante mis primeros meses en esta situación, que podríamos denominar como sabáticos, una de las obsesiones que me persiguió de continuo era la futilidad del tiempo, la convicción de que no podía seguir el resto de mi vida actuando sin un orden,
dejando la vida pasar, y que se hacía necesario la reestructuración del tiempo al objeto de que este no vuele más de lo que ya lo hace: tempus fugit.
De esta época es la foto de arriba a la izquierda, en donde aparentemente estoy todo relajado y feliz, en donde a pesar de ser consciente de ese paso del tiempo, no quería hacer nada sin haber recabado la información suficiente y su posterior maduración, algo así como un plan de vida o al menos su borrador.
dejando la vida pasar, y que se hacía necesario la reestructuración del tiempo al objeto de que este no vuele más de lo que ya lo hace: tempus fugit.
De esta época es la foto de arriba a la izquierda, en donde aparentemente estoy todo relajado y feliz, en donde a pesar de ser consciente de ese paso del tiempo, no quería hacer nada sin haber recabado la información suficiente y su posterior maduración, algo así como un plan de vida o al menos su borrador.
Inmediatamente me viene a la cabeza la famosa cita "carpe diem", abreviatura de "carpe diem quam minimum credula postero", que como todos sabemos significa 'aprovecha el día' o más coloquialmente: 'no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy'.
Creo que esta era la máxima de alguna orden monástica, lamento no poder concretar cuál de ellas, y como bien conscientes que eran de este hecho tenían perfectamente divida su actividad diaria.
No aconsejo asumir ese estilo de vida tan drástico, el monástico quiero decir, pero particularmente entiendo que habría que trabajar sobre esa base ajustándola a uno mismo en función de los compromisos, actividades u objetivos de cada cual, teniendo en cuenta de no ser desmedidamente exigente o bien todo lo contrario, demasiado laxo.
Es obvio que hay que hacer distintas pruebas hasta acertar con el horario definitivo, pero lo que sí es vital es respetarlo estrictamente desde el principio, sin ninguna vacilación se debe pasar de una actividad a otra en función del plan, apetezca más o menos.
Mis primeros razonamientos me orientan a dividir el día en tres partes de ocho horas: mañana, tarde y noche, siempre dejando claro que en todas las actividades hay que ser lo más disciplinado posible.
Tanto la mañana como la tarde hay que subdividirlas en actividades lo más fijas posibles, creo que no
más de cuatro de una hora cada una, siendo las otras cuatro horas, las libres, la argamasa que une esas aludidas actividades con las propias del día a día, como limpieza propia de cada uno, de la vivienda, comida, y otras similares, que particularmente entiendo debieran tener esa función más que dedicar una hora específica.
Insisto en lo de la disciplina, si la intentamos mantener una semana, el cuerpo va acostumbrándose, lo que nos permitiría ir perfeccionando, llamémoslo así, el método de vida.
Imprescindible la agenda, hay que tenerla siempre a mano, y todas las noches antes de acostarse es muy importante repasar las actividades y compromisos del día siguiente para preparar el mañana convenientemente y apurarlo al máximo.
Voy a dejar un período de tres meses y a primeros de año vuelvo a la carga para ver qué tal resultó, y obviamente cualquier sugerencia es siempre bienvenida.
No aconsejo asumir ese estilo de vida tan drástico, el monástico quiero decir, pero particularmente entiendo que habría que trabajar sobre esa base ajustándola a uno mismo en función de los compromisos, actividades u objetivos de cada cual, teniendo en cuenta de no ser desmedidamente exigente o bien todo lo contrario, demasiado laxo.
Es obvio que hay que hacer distintas pruebas hasta acertar con el horario definitivo, pero lo que sí es vital es respetarlo estrictamente desde el principio, sin ninguna vacilación se debe pasar de una actividad a otra en función del plan, apetezca más o menos.
Mis primeros razonamientos me orientan a dividir el día en tres partes de ocho horas: mañana, tarde y noche, siempre dejando claro que en todas las actividades hay que ser lo más disciplinado posible.
Tanto la mañana como la tarde hay que subdividirlas en actividades lo más fijas posibles, creo que no
más de cuatro de una hora cada una, siendo las otras cuatro horas, las libres, la argamasa que une esas aludidas actividades con las propias del día a día, como limpieza propia de cada uno, de la vivienda, comida, y otras similares, que particularmente entiendo debieran tener esa función más que dedicar una hora específica.
Insisto en lo de la disciplina, si la intentamos mantener una semana, el cuerpo va acostumbrándose, lo que nos permitiría ir perfeccionando, llamémoslo así, el método de vida.
Imprescindible la agenda, hay que tenerla siempre a mano, y todas las noches antes de acostarse es muy importante repasar las actividades y compromisos del día siguiente para preparar el mañana convenientemente y apurarlo al máximo.
Voy a dejar un período de tres meses y a primeros de año vuelvo a la carga para ver qué tal resultó, y obviamente cualquier sugerencia es siempre bienvenida.



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