sábado, 24 de septiembre de 2011

XXIII MEDIA MARATON VALLADOLID 2011


No estuvo mal la carrerita, nos hizo buen tiempo, había animación y flotaba un ambiente general de camaradería especial en el que uno se encontraba sensacionalmente.

Antes de ponerme a escribir he intentado ver si localizaba algún tipo de video, fotos en general o comentarios sobre la carrera, pero lo que vi no me llegó a convencer, así que cuento como la vivi, que tampoco me convencerá, pero será una visión más.

No era una carrera para la que estuviera especialmente preparado, pero el ritmo de entrenamiento era constante, no menos de 4 días a la semana con un recorrido mínimo de 7 kilómetros a una media de unos 5:40, aunque tuve sorpresas de casi los 5 minutos en las ocasiones en que entrenaba con Nori, un compañero de la empresa.

La última semana solo corrí una vez, tenía y todavía tengo molestias en la parte superior del gemelo externo de la pierna derecha.

Estaba contento, venían cuatro compañeros de Madrid, y además corría mi sobrino, el de azul en la foto, y un amigo de mi época de chaval, porque efectivamente, yo también fui joven.
La carrera empezaba a las 10:00, a las 9:00 estaba tomando café con los compañeros de Madrid, a las 9:30 había quedado con mi sobrino en la Plaza de Zorrilla y un poco después apareció Carlos, que lucía el dorsal 183, no sé como yo tenía el dorsal tan alto, 919, cuando me inscribí antes, alguna explicación tendrá.

Los compañeros de Madrid se pusieron adelante en la salida, pero yo siempre he sido partidario de empezar desde atrás, y fue ahí donde nos colocamos los tres de la foto, que como podéis ver está ubicada en plena calle Miguel Iscar, al fondo tenemos la Plaza de España, y como dato anecdótico os diré que por esta misma calle corría uno de los brazos del rio Esgueva, afluente de Valladollid, hasta que el alcalde Miguel Iscar lo desvió por donde corre ahora, y comenzó la construcción de esta calle, que guarda su sabor de primeros del siglo XX.

A lo que iba, salimos de casi atrás del todo, y es que para corredores medianejos como nosotros no hay cosa más placentera que ir poco a poco adelantando, como así fue, de hecho seguimos a velocidad constante y progresiva siempre con la vista puesta en hacer la carrera en menos de 2 horas. 

En el kilómetro 15 decidí apretar, lo que no quiere decir que me despegara, sino que imprimí mayor velocidad a la carrera, y creo que salió bien, pues aguantaba perfectamente, y la molestia del gemelo ya no sabía si había desaparecido o simplemente ya me había acostumbrado.

Un error de última ahora, prácticamente en el 19, en un avituallamiento se me cayó la botella de aguada, y retrocedí para recogerla, hizo que me entretuviera segundos, los justos para no volver a coger el ritmo que llevaba hasta ese momento, de hecho, una mujer que vestía de azul, y que habíamos recorrido al alimón los últimos dos kilómetros, se despegó y ya no hubo forma de cogerla, y a fe mía que lo intenté, pero cuando intentaba coger velocidad se me disparaba el pulsómetro a las 160 pulsaciones, y aunque sé que no son demasiadas, preferí ser prudente y mantenerme por debajo de las 150 en las que me había situado durante toda la carrera.

Conclusión, al final llegué según mi Garmin en 1:58, aunque según la clasificación oficial es un minuto más, pero hay que considerar que no había alfombra en la salida, es decir, que el tiempo cuenta desde que se oye el petardazo.

De cualquier forma el objetivo estaba cumplido, y yo por tanto muy satisfecho. Por cierto, mi sobrino me adelantó en los dos últimos kilómetros como si fuera en bicicleta, me dejó con la boca abierta.

Ya sólo quedaban las cañas con los amigos que tuvieron la gentileza de acercarse, y a quien se lo agradezco un montón, no hay nada tan gratificante cómo un ¡ánimo!, y la comida con los compañeros que habían venido de Madrid, jamón de entrante, ensalada, corderito y vino del bueno, remantando con un tocino de cielo extraordinario, o sea, que en vez de adelgazar con la maratón cogí más quilos.







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